Conversamos con Carlos Cabezas: “Lo que aparece en la música es la experiencia de vida que tenemos, y esa experiencia es algo que nos conecta”

Por Anely Bahamondes.

El músico y compositor nacional Carlos Cabezas ha concretado un hito fundamental para la vanguardia sonora local con el lanzamiento de Mil Cabezas en vivo. El álbum, que ya se encuentra disponible en todas las plataformas de streaming (y próximamente en formato vinilo), captura la intensidad y la profunda emotividad del histórico concierto realizado el 18 de octubre de 2025 en el Teatro Municipal de Santiago, en el marco de la conmemoración de sus 40 años de trayectoria artística.

El álbum ofrece un recorrido minucioso tanto por su faceta solista como por Electrodomésticos, destacando la fuerza de recientes singles en vivo como “El frío misterio” y “No estás”. Para esta entrega, Cabezas se rodeó de sus proyectos esenciales (La Banda del Dolor, Electrodomésticos y Cordillera) junto a una transversal lista de invitados especiales: Tilo González (Congreso), Pancho Molina (Los Tres), Clara Cabezas, Cristián Heyne, Claudio Valenzuela (Lucybell), Camila Moreno, Cuti Aste, Bruno Cabezas, Amparo Noguera y Daniela Aleuy.

Como broche de oro para coronar este viaje antológico, el artista se prepara para evocar la mística de Mil Cabezas en un último show en vivo este sábado 4 de julio de 2026 en el Teatro CA660 (CorpArtes). En la antesala de este esperado encuentro tribal, conversamos con Carlos sobre el desapego digital, el motor del juego en la creación y la textura única de hacer arte desde el fin del mundo.

Celebrar 40 años de carrera no es algo que se vea todos los días. Al escuchar Mil Cabezas en Vivo se nota una curatoría muy minuciosa de estas 16 canciones. ¿Qué tan difícil fue resumir cuatro décadas de experimentación, tanto como solista como con Electrodomésticos, en un solo setlist?

Sí, fue muy difícil. Fue complejo, pero al final como que de a poco se fue armando un mapa desde las fechas, las distintas épocas y los distintos discos. Fue bien complicado porque hay canciones que a uno le pueden gustar, pero esto también tenía características de registro y de la perspectiva de ese registro. Había que tener en consideración las distintas épocas y lo más significativo de cada una. De a poco se fue armando, pero costó harto. Además, en dos vinilos caben 16 temas porque tienen ciertos límites de minutaje; hubo que dejar temas afuera, lo que fue un problema… pero de esos problemas que a uno le gusta tener, la verdad. Con el equipo creativo pudimos llegar a este setlist final y estamos muy contentos con el resultado.

Buscamos equilibrios considerando todos los parámetros: lo significativo de cada época, el trabajo solista con la banda El Dolor, el proyecto Cordillera, los boleros y, por supuesto, Electrodomésticos. Fue un trabajo muy entretenido de hacer.

A lo largo de tu trayectoria has pasado por el cassette, el CD y el streaming. Ahora que este registro también se va a encontrar de forma física en vinilo, para alguien tan detallista con el diseño sonoro como tú, ¿qué magia especial le entrega este formato a un disco grabado en directo?

El vinilo tiene una cuestión que va por el sonido, pero hay otra parte que es súper importante y que tiene que ver con el objeto, con el fetiche. Cuando yo partí escuchando música, el vinilo venía con la música, pero también con la declaración de principios del grupo o del músico en su arte; era otra representación de la música. Era muy valiosa la información que había ahí porque te permitía imaginarte una cantidad de cosas, le daba un espacio imaginativo a la música que estabas recibiendo.

Ahora, en estos tiempos, la información casi sobra; estamos sobreplagados de datos por todos lados. Pero cuando partió, por ejemplo, el primer disco de Led Zeppelin, era esa carátula con el zepelín cayendo y al otro lado una foto del grupo tirado en el pasto, y esa era toda la información que tenías para imaginarte a esos músicos, qué significaba su obra, qué mundos y qué sensibilidades te abría. El objeto era muy significativo. Creo que esta vuelta del vinilo y del cassette se debe a que hoy todo está disponible de inmediato con la tecnología, hay un acceso muy rápido, pero se echa de menos el objeto, el fetichismo. Probablemente las cosas que sean análogas y orgánicas van a ir cobrando más importancia frente a este mundo digital en el que estamos sumergidos en un 90%.

En este disco te rodeaste de figuras esenciales, desde contemporáneos como Tilo González y Pancho Molina, hasta nombres como Claudio Valenzuela, Camila Moreno o Felipe Salas. ¿Qué significa para ti sentir este respaldo tan transversal de distintas generaciones de la música chilena?

Se siente muy bien. Uno siente que la música tiene algo esencial que escapa a los idiomas, al color de la piel, a la geografía o al país donde naciste. Estas situaciones ponen en relieve ese valor: el que músicos de distintas generaciones podamos conectarnos y disfrutar de esa conexión. El trabajo en la música significa un compromiso y una esperanza. A veces el vivir de esto, lo doméstico que hay alrededor, complica tener momentos de abstracción para sentir las cosas esenciales de la música.

Estas circunstancias de celebración, donde compartimos músicos de muy distintas trayectorias y lenguajes —Felipe Salas, por ejemplo— nos hacen muy bien porque nos afirman y le dan sentido a todos los momentos dificultosos. Reafirma el valor de trabajar en la expresión artística, que nos ayuda a conocernos mejor y a valorar la humanidad en compañía de los amigos. En momentos en que el morbo y lo negativo proliferan, tener estos encuentros es casi una terapia existencial. Es una celebración de traje largo en un lugar que es de traje largo, y nos reafirma las convicciones.

Mirando en retrospectiva desde los inicios de Electrodomésticos hasta hoy, ¿qué inquietud o motor interno sientes que se ha mantenido intacto desde el primer día a la hora de crear?

Yo creo que hay un tema con el juego en el trabajo creativo que se ha mantenido desde el inicio. Cuando partimos con Electrodomésticos lo que hacíamos era un juego. El juego y la intuición son sensaciones distintas a la estrategia, la inteligencia o la astucia. En general, como está planteada la sociedad, el juego se va perdiendo en el tiempo, pero es vital en cualquier oficio, en la artesanía, en todos lados.

También se ha mantenido la energía, las ganas de producir cosas con fuerza y moverse en ese espacio para no caer en la nostalgia, porque con el tiempo el trabajo a veces se pone más contemplativo. Y por ahí también hay un cierto desorden que te da el ser autodidacta. Cuando aprendes por ti mismo eres súper desordenado; vas hacia donde algo te llama la atención sin seguir una estructura académica. Valoro muchísimo el trabajo de los músicos académicos con los que toco, tienen un bagaje de herramientas alucinante, pero venir del autodidactismo tiene un valor distinto que hace que te metas en lugares muy diversos, y eso se muestra en lo que hemos hecho.

Tú has sido testigo y protagonista clave de la evolución del rock alternativo y la vanguardia en Chile. ¿Cómo ves el estado actual de la música nacional? ¿Te entusiasma la nueva camada de bandas independientes como Candelabro o Hesse Kassel?

Sí, creo que hay una energía que está apareciendo. Esas dos bandas están muy activas ahora y tienen mucha resonancia en las generaciones más nuevas. Se siente bien esperanzador eso porque ahí ves que hay juego. Por una parte hay destrezas instrumentales increíbles y una estructura potente, pero no es el lucimiento instrumental lo que se proyecta al final, sino esa sensación de juego. Además hay textos, letras con contenido, con reclamos humanos, sociales, cuestionamientos y cierta rabia. Vienen con cosas que decir dentro de lenguajes que son distintos a los normales; se pueden quedar pegados en una frase sin ningún problema y le dan voz a generaciones que buscan su propio espacio. Es muy bueno que suceda esto, porque muchas veces el mainstream le da una asepsia a la creatividad en general. Es fantástico que aparezcan estas bandas con identidades propias y claras, ahí promoviendo el desorden.

En una industria dominada por el ritmo acelerado y el algoritmo, ¿cómo ves la forma en que el público local está consumiendo y valorando la música chilena hoy?

Se valora un poco más que haya un reconocimiento de la música local un poco más claro. Vimos cómo Los Bunkers llenaron el Nacional, Los Tres con varias noches en el Movistar Arena, el Macha llenando estadios o los mismos Candelabro. Se ve bien que seamos capaces de reconocer más lo nuestro. Entiendo que en términos generales todavía se sigue escuchando mucha más música de afuera, pero se está avanzando en algo que nos ha costado mucho. Culturalmente, desde mucho tiempo atrás, nos hemos sentido perdidos acá al final del mundo. Es bien curioso lo que pasa, porque en vez de entender el valor que tiene la geografía en la que estamos, a veces lo vemos como algo negativo y se piensa automáticamente que todo lo bueno está en el hemisferio norte o en Argentina.

Nos cuesta darnos cuenta del valor significativo de lo que se hace acá. Tenemos una geografía que se traduce en una geografía humana muy diversa: desde el desierto más seco del planeta hasta los glaciares, la cordillera y el mar. Eso hace que la música y las letras que se generan acá tengan otra textura y otra profundidad. No es casualidad que tengamos dos Premios Nobel; realmente acá salen cosas distintas y muy amplias en términos de lenguaje. Es bueno que nos vayamos dando cuenta de esto. Que a poco valoremos nuestra música se nota en hitos como el de 31 Minutos metiendo a 30.000 personas en el Zócalo de México. Hay que mirar lo que está sucediendo con esperanza.

Este 4 de julio llevarás todo este universo al escenario del Teatro CA660. ¿Cómo mutará ese espíritu que se vivió en el Municipal para este nuevo encuentro con el público?

Carlos: En el Municipal estábamos todos muy nerviosos, había mucha adrenalina. Aquí ya va a ser el cierre de la cuarta presentación y la última vez que se van a ver estas cuatro bandas o estos cuatro espacios distintos de música. Vamos a intentar recrear esa energía de celebración en el teatro, pero creo que lo vamos a disfrutar un poco más porque ya tenemos la sensación de la puesta en escena en el cuerpo. Nos vamos a preocupar de tener una gran propuesta visual y contaremos con músicos invitados. Básicamente es terminar de celebrar en el teatro CA660.

Finalmente, ¿qué mensaje le dejas a tus seguidores para invitarlos a que aseguren sus entradas en Ticket Plus y te acompañen este 4 de julio?

Bueno, la invitación es a disfrutar esta oportunidad. A soltarse, a celebrar este cumpleaños como si fuera el último, los bajativos, el último champán de esta celebración. Invito a disfrutar esto en términos colectivos, tribales. Al final, lo que aparece en la música es la experiencia de vida que tenemos, y esa experiencia es algo que nos conecta a todos. Estamos todos juntos en esto; no es una cosa unidireccional de un escenario hacia abajo. Es una fiesta tribal y colectiva para celebrar la música que se hace en estos territorios que queremos tanto de nuestro país. Así que esa es la invitación: a celebrar.

El concierto de celebración de Carlos Cabezas se llevará a cabo el sábado 4 de julio de 2026 en el Teatro CA660 de Fundación CopArtes (Rosario Norte 560, Las Condes). Las entradas ya se encuentran disponibles a través del sistema Ticketplus.

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