4 de junio 2026.
Por Sebastián Allende.
Fotografías por Javier Martínez.
La noche de este jueves en el Teatro Nescafé de las Artes no fue solo un concierto: fue una declaración de supervivencia. Tras el complejo accidente automovilístico vivido en 2025, Angelo Pierattini volvió a los escenarios con un espectáculo que no dejó espacio para medias tintas, entregándonos su regreso definitivo a la música en vivo. Si bien Pierattini es un músico con más de tres décadas de trayectoria, seis discos de estudio, cinco EP y reconocimientos como el Premio Altazor 2013 (Fuego en los Andes) y el Pulsar 2015 (Baila Dios), este jueves en el Nescafé el show que nos presentaría tendría un carácter distinto, marcado por este reencuentro más íntimo, más consciente y, sobre todo, más significativo tras lo ocurrido.
En una noche que se intuía cargada de sentimentalismo, a las 20:00 horas las luces del teatro se apagaron y, desde un costado, las puertas se abrieron para dar paso a Angelo con los acordes de “Las cosas simples”, dando así el vamos, de manera íntima, a una velada donde los pilares serían la emoción y la honestidad. Una vez instalado en el escenario, las cortinas se abren y, con la banda en pleno, llega “Soy un aprendiz”, provocando que el público se ponga de pie para disfrutar de la música de Pierattini, quien, con cercanía, exclamaría: “¡Estoy vivo todavía, cabros!”. “Qué simple vibra nuestro amor”, “Ella y yo” y “La fiesta” sonaron aceitados y acogedores, funcionando como una introducción a las múltiples facetas del artista: el rockero, el cantautor, el sobreviviente y el cronista emocional de su tiempo.
Llegaría “Carita de gato” para dar paso al primero de los invitados de la noche: Tata Barahona, con quien rindieron un sólido tributo a Jorge González. Una versión que, sin duda, habría dejado orgulloso al propio González, perteneciente a ese tremendo disco que es Mi destino: Confesiones de una estrella del rock. Tras ese momento, “Lo que se ve no se pregunta” nos llevaría a una verdadera batalla de guitarras, donde comenzaría Ángelo con un notable solo, para luego dejar su instrumento a disposición del público. Tres fans subirían al escenario para demostrar sus destrezas con las seis cuerdas, en un gesto que evidenció la cercanía del artista con su fanaticada, que más que eso, es parte de su familia. Después de “Subiré/Pasarita”, “Ay morena” y una gran versión coreada por todos del clásico latinoamericano “Así fue”, subiría al escenario Carlos Cabezas para interpretar “El adiós”. La seguidilla de invitados continuaría con Pablo Ilabaca, quien junto a Pierattini interpretó “Tontos bichos de hoy” y “En mi vida”.
La noche transitó con fluidez entre la etapa solista de Ángelo y su pasado como fundador de Weichafe, con un momento especialmente celebrado que incluyó interpretaciones de “Pan de la tarde”, “Ripio y soledad” y “Pichanga”, pertenecientes al influyente disco homónimo del grupo, conocido como el Disco Rojo, además de “La fuerza viene de la tierra”, de la placa Mundo hostil. Para el cierre, “No estoy muerto, espérame”, “Amor por mi condena” y “Menta, miel y sangra”, con un teatro completamente lleno, sellarían un espectáculo que no solo repasó su historia, sino que la revitalizó frente a un público que, al final de la noche, entendió que estaba presenciando un nuevo comienzo: el de un guerrero que se levantó de la adversidad para cantar con el alma, emocionar y demostrar que aún hay vida, y sobre todo muchas canciones, por entregar.
Setlist:
Las cosas simples
Soy un aprendiz
Que simple vibra nuestro amor
Ella y yo
La fiesta
Carita de gato
Lo que se ve no se pregunta
Subiré/Pasarita
Ay morena
Así fue
El adíos
Tontos bichos de hoy
En mi vida
Respiro la luz del sol
5:30 am
Pan de la tarde
Ripio y soledad
La fuerza viene de la tierra Mundo hostil
Pichanga
No estoy muerto, espérame
Amor por mi condena
Menta miel y sangra

