Ricardo Villalobos en Teatro La Cúpula: Con los pies en la pista de baile
Fiesta Sundeck, 4 de noviembre 2017.

Por Rodrigo Guzmán.
Fotografías por Omar Saldias.

Anoche fuimos testigos del regreso de Ricardo Villalobos a Santiago, después de un largo año sin que viniera a sacudir las pistas de baile más ilustres de este terruño. Comentaremos algunos matices, sin embargo, la performance del chileno-alemán fue grata.

Como se sabe, Ricardo Villalobos es parte de esa armada chilena de djs y productores de música electrónica que nacieron en Santiago de Chile, pero que luego emigraron a nuevos destinos por diferentes motivos. De este modo, Villalobos no sólo comparte origen y oficio con su compinche Lucien Nicolet, mejor conocido como Luciano, sino también con el niño prodigio de la electrónica, hoy ya no tan niño, Nicolás Jaar. Otros dos elementos más tienden a asimilarlos, pues los tres cuentan con carreras ampliamente consagradas y reconocidas en todos los circuitos de la electrónica mundial. Asimismo, los tres se caracterizan por proponer una doble lectura de la música electrónica.

De dicho modo, la concepción sonora de este trío siempre busca llegar más allá de la obviedad de un house genérico o pop, desligándose así de toda electrónica easy listening. Prueba de ello, son los excelentes discos Space is Only Noice y Sirens de Jaar o Re:ECM de Villalobos, en compañía del productor alemán Max Loderbauer. En estos álbumes es posible apreciar un ascendente tanto dub como ambient dentro del ADN sonoro de ambos, que transita, sin mayores problemas, entre el dance, el jazz, la música experimental y la latinoamericana, además de una multiplicidad de estilos más.

Sin embargo, lo presentado por Ricardo Villalobos en el Teatro La Cúpula fue una muestra algo alejada de lo que se acostumbra a oír en sus LP. En un recinto repleto, colmado de mujeres bellas y displicentes, uniformadas todas de un negro general, abrió el dj nacional Umho y calentó el ambiente hasta las 02:00 AM, reuniendo así poco a poco a una concurrencia que agotó todas las entradas puestas en venta por Sundeck. Mientras en la terraza del Teatro La Cúpula, Alejandro Vivanco y Felipe Venegas hacían lo suyo, todo comenzaba a alistarse para la puesta en escena de Villalobos.

De dicho modo, y tras el fin de la excesivamente dilatada presentación de Umho, la espigada figura de Villalobos apareció tan sonriente como siempre, dando paso así al tan ansiado show anual del germano-chileno. Con álbumes tan icónicos como explosivos bajo el brazo, como Fabric 36 o Alcachofa, Villalobos entregó un set 100% bailable, articulado en torno al mismo y clásico tempo del house, transitando entre los 128 y 130 bpm, durante tres horas completas.

Villalobos es un maestro del sampleo, ello queda demostrado en tracks insignes como “Santiago Penando Estás”, donde la voz de Violeta Parra va desenvolviéndose al ritmo del beat. Así también es el caso de «Primer Encuentro Latino Americano de la Soledad”, de Los Jaivas, cuya letra es musicalizada bajo un beat de groove infalible. Este track fue pinchado más bien tarde, cercano a las 04:00 am, tras toda una noche de un house funcional, que invitaba a mover la cabeza y los pies de manera efectiva, pero sin sorpresas. Alejado así de los experimentos rítmicos que se sucedieron alguna vez en Alcachofa, tal como “Dexter”, “Easy Lee”, “Y.G.H” o “Fitzpatrick”, extraído de Fabric 36, Villalobos entregó algunas luces de su genio ya pasada la primera mitad de su set, donde comenzaron a fusionarse las congas y claves caribeñas con el beat electrónico a toda potencia.

De dicho modo, lo de Villalobos resultó ser una presentación sin mayores sorpresas ni muestras de indagación sonora, a pesar de que, si hay alguien en el mundo que sabe cómo aunar experimentación y baile, es él. Con todo, ya cercano a las 05:00 am, el cierre se vio coronado por los ritmos tropicales y la algarabía general. El fanatismo o la química hicieron de la performance una fiesta que lejos de ser deficiente, se vio algo sobrepasada por el formidable espectro sonoro que manipula y proporciona en sus discos. Como sea, y de todos modos, siempre es un placer recibir a un huésped tan ilustre como él, porque aunque Ricardo algunas veces se extravíe de Villalobos, siempre nos quedará ese particular beat dando vueltas en la cabeza.

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