Imperial Triumphant debuta en Chile: El teatro de la oscuridad

Por Eliseo Muñoz.

La música de los neoyorquinos Imperial Triumphant es de difícil descripción. Amarga en la primera escucha, requiere —al igual que el whisky— ser observada y oída sin objeciones ni juicios apresurados; su verdadero secreto reside en la paciencia.

Desde su debut en 2011 con Abominamentvm, el sonido de la banda se ha caracterizado por ser caótico, lúgubre y brutal. La tríada, conformada actualmente por Zachary Ezrin (guitarra y voz), Steve Blanco (bajo) y Kenny Grohowski (batería), ha cimentado un camino propio sin guías ni manuales. Lo que comenzó como un proyecto de Death/Black Metal se ha transformado paulatinamente en un emblema de la experimentación y la vanguardia.

En su segundo álbum, Abyssal Gods (2015), se materializan las primeras fugas hacia frecuencias ajenas al metal. En “Metropolis”, el protagonismo recae en las teclas del piano, mientras que en “Black Psychedelia”, las guitarras abandonan la disonancia para gestar un pasaje calmo, aunque imbuido en la decadencia que inunda el track.

Ya en su tercer trabajo, Vile Luxury (2018), la influencia del jazz se hace omnipresente a través de los vientos de bronce y cambios en los patrones rítmicos que evocan una estética “noir”. Ejemplo de esto es la lúgubre intro de “Swarming Opulence”, antesala del despliegue de guturales cavernosos y artillería rítmica. Aquí, la construcción de atmósferas toma el control, como se aprecia en el interludio de “Gotham Luxe”, donde la melodía se desvanece hasta dejar una tenue línea de tensión —similar a una alarma—: una breve pausa para contemplar la atrocidad antes de que la maquinaria continúe su demolición.

Destaca también “Chernobyl Blues”, que inicia como una balada gélida en declive. Hacia la mitad, reaparecen el distintivo doble pedal, los riffs afilados y los chillidos de Yoshiko Ohara, interrumpidos abruptamente por el silencio. Este quiebre disipa el muro de ruido para dar paso a “Cosmopolis”, pieza que destruye cualquier idea de límite musical. Su groove jazzístico resulta refrescante, casi reluciente, enviando un mensaje claro: la categorización es una limitante; todo está permitido.

La evolución sonora de Imperial Triumphant es evidente y alcanza su cúspide en sus lanzamientos más recientes: Spirit of Ecstasy (o Alphaville, dependiendo del periodo al que te refieras*) e Imprints of Man —este último, una reinterpretación en piano de sus éxitos a cargo de Steve Blanco—. Sus últimas placas son declaraciones de superación constante, laberintos sonoros que no conocen órdenes ni patrones, absorbiendo el jazz, el metal, la teatralidad y la dualidad de Nueva York.

Con colaboraciones de figuras como Dave Lombardo y Tomas Haake, la banda critica la opulencia del imperio humano y su impacto en la cotidianidad. Retratan a Nueva York desde su ambivalencia: la belleza de Broadway y los rascacielos frente a la crudeza de la adicción, el crimen y el sinhogarismo. Ambas realidades convergen en una obra bella pero punzante, como una rosa con espinas.

Imperial Triumphant se presentará en nuestro país el próximo 15 de enero en la discoteca Blondie, acompañando a Cynic, en una velada que promete marcar un hito en la vanguardia del metal progresivo. Las entradas están disponibles a través de Passline. No te quedes fuera de esta experiencia cósmica irrepetible.

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