Katatonia en Sala Metrónomo: La belleza intacta de la penumbra

18 de marzo 2026.

Por Ricardo Olivero.
Fotografías por Javier Martínez.

Hay agrupaciones que se aferran a una fórmula probada para sostener su carrera; otras, en cambio, entienden que la evolución no es un riesgo, sino una necesidad vital. Los suecos Katatonia pertenecen —desde hace décadas— a esta última categoría. Lo demostrado anoche en Sala Metrónomo no solo reafirma esa convicción, sino que la eleva a un nivel casi doctrinario dentro del metal contemporáneo.

Desde sus inicios, la banda ha manifestado una inquietud constante por expandir su lenguaje. Lo que comenzó en territorios cercanos al death/doom ha mutado hacia una propuesta donde conviven la melancolía, la sutileza progresiva y una sofisticación armónica que no es fruto del azar, sino consecuencia de una búsqueda consciente. Esa trayectoria no solo se respeta: se escucha y se comprende en vivo.

Su reciente paso por Santiago, enmarcado en la gira de su álbum Nightmares as Extensions of the Waking State (2025), reafirmó que Katatonia no es una entidad que se repite, sino que se desarrolla. Lo más notable es que este crecimiento, lleno de roces y quiebres, expresa una continuidad innegable, construyendo un legado futuro sin depender excesivamente de la nostalgia.

Este enfoque no es casual. Jonas Renkse, único miembro original y articulador total de la expresión musical y lírica actual, enfrentó diferencias irreconciliables con Anders Nyström. El guitarrista y fundador dejó el proyecto tras manifestar su disconformidad con la decisión de no repasar la discografía completa en vivo, llegando a declarar que hubiera “preferido terminar” la banda. Para quienes atesoramos placas crudas como Dance of December Souls o Brave Murder Day, su ausencia en el setlist genera melancolía, pero también obliga a reconocer la valentía de Renkse al avanzar sin concesiones. En un entorno donde abundan las bandas que viven de sus rentas, que un grupo con 35 años de historia apueste por material fresco en pleno 2026 es un valor añadido.

El arranque con “Thrice” dejó en evidencia el estándar sonoro de la noche: capas de guitarras perfectamente balanceadas, una ecualización que permitió distinguir cada línea sin perder densidad y una iluminación tenue que envolvía al quinteto en una penumbra solemne. “Soil’s Song” y “The Liquid Eye” profundizaron ese viaje introspectivo, manejando los tiempos con una precisión notable y mostrando a un Renkse animado y agradecido ante la gran convocatoria que repletó Metrónomo.

Como era de esperarse, el repertorio se concentró en la era iniciada por The Great Cold Distance (2006), disco pivote de su metamorfosis. La banda administró la energía con maestría, sin recurrir a explosiones gratuitas o reacciones fáciles. Todo respondió a una lógica interna: “Dead Letters” y “Nephilim” mantuvieron una tensión contenida, mientras que “Wind of No Change” introdujo un matiz atmosférico y etéreo que amplió el rango emocional del concierto.

En la recta final, “Old Heart Falls” y “July” consolidaron la conexión con una audiencia que coreó cada verso. Son piezas que respiran tristeza, pero que en directo adquieren una dimensión tangible. “Lethean” y “No Beacon to Illuminate Our Fall” reforzaron esa sensación de oscuridad elegante donde la música no busca golpear, sino envolver. Tras un breve intermedio, el cierre llegó con “Forsaker”, broche de oro para una ejecución técnica impecable.

Más allá del setlist, la puesta en escena fue fundamental. El diseño de luces, sobrio y efectivo, utilizó tonos fríos y sombras trabajadas para crear una atmósfera coherente: oscura, introspectiva y casi cinematográfica. En términos técnicos, Katatonia sonó como una unidad indivisible, demostrando que sus nuevos integrantes resguardan la solidez interpretativa a pesar de los cambios de formación.

Lo de anoche no fue simplemente un buen concierto; fue una demostración de madurez artística. Una confirmación de que la evolución, cuando es honesta, no debilita la identidad, sino que la fortalece. Katatonia ha sabido cambiar sin perder su esencia, refinando su lenguaje hasta convertirlo en algo propio y profundamente emocional. En esa penumbra cuidadosamente construida, encontraron, una vez más, su mejor forma de brillar.

Setlist:
Thrice
Soil’s Song
The Liquid Eye
Austerity
Rein
Leaders
Dead Letters
Nephilim
Wind of No Change
The Longest Year
Old Heart Falls
July
Lethean
No Beacon to Illuminate Our Fall
In the Event Of
Forsaker