Man With a Mission en Teatro Coliseo: Opening Energy

24 de mayo 2026.

Por Jaime Farfán.
Fotografías por Man With a Mission.

Apoyado en la reja de atrás, justo frente a la mesa de sonido, tengo una visión panorámica del Teatro Coliseo. Me recibe un vistoso letrero negro con letras rojas: WARNING. No grabar, no sacar fotos. A todos nos taparon las cámaras con stickers de colores. Algunos tímidos, en la espera mientras los más prendidos corean “Chop Suey” de System of a Down, se sacan rápido una selfie antes de que empiece el show. Me pregunto si la restricción funcionará.

El viernes pasado, en el concierto de Natalia Lafourcade, también pidieron amablemente no grabar. Al principio todos acataron. Luego una mano temblorosa trataba de registrar su canción favorita. Después otra. Y otra más. “Cuál es la jodida manía que tenemos de informar todo lo que hacemos en nuestras redes antisociales”, bromeó Natalia. Hoy los fans parecen más dispuestos a obedecer. Después de todo, es el debut de MAN WITH A MISSION en Santiago. Se han citado clubes de fans de distintos lados de Latinoamérica para la ocasión: Paraguay, Perú, Argentina. Y por supuesto Chile, donde organizaron un karaoke la noche anterior y repartieron las banderitas chilenas que muchos agitaron durante toda la noche. Muchos vienen vestidos de lobo, respetuosos del lore de la banda. Orejas de felpa, colas falsas, incluso algunos con la cabeza completa. Con el frío que hace afuera en Nataniel Cox, en todo caso, ya parece la Antártica.

Me da un poco de vergüenza admitirlo, pero conozco poco a la banda. Tomé el show por petición de un colega, que hace casi diez años me sugirió empezar a escribir. Hay algo adictivo en descubrir música completamente en vivo. Y mientras más amigos me repetían la suerte que tenía de estar ahí, más crecía mi expectativa. Nada haría sospechar que el show sería sin fotógrafos. Me transformaría en un hombre con una misión en terreno desconocido y mis refuerzos acababan de caer. Pero todos estaban tan emocionados y encendidos que era imposible sentirse solo.

En los minutos previos suena “Knights of Cydonia” de Muse. El Coliseo ya parece lleno. “Los lobos tienen una creencia profundamente arraigada de que ser fotografiados les trae mala suerte. Gracias y disfruten el show”. Nadie se queja. La niña frente a mí agita sus orejas de felpa con emoción. Entonces aparecen. ¿Una máscara de lobo puede tener emoción? Uno de los integrantes agita un banderín con el nombre de la banda. “Vertigo” explota inmediatamente sobre el recinto. En el coro, cuando gritan “vamos!”, ya estoy saltando con el resto. Los riffs de guitarra te agarran de la columna y te obligan a hacer headbanging. “Thank you!”, gritan. Para “Dark Crow” el hechizo ya está establecido. Mientras uno de los lobos rapea en japonés, ninguna mano está ocupada grabando. Todas aplauden siguiendo el beat frenético del tema. La chica de las orejas de felpa se saca el polerón. Para venir de la Antártica estos lobos entibiaron rápidamente el ambiente.

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Con “Hey Now” nos hacen sentarnos. Siento las rodillas tirantes. A la cuenta de tres todo el Coliseo salta al mismo tiempo mientras miles gritan el coro al unísono. El impulso es eléctrico. Son expertos manipulando la energía del público. “You guys are crazy mad and I fucking love it”. El cántico ya es imparable. “Dead End in Tokyo” desata otra cosa. Todos los que conocen la canción parecen prepararse para caer en la locura. ¿La chica de las orejas de felpa? Por supuesto que se la sabe completa. Las baquetas fluorescentes del drum pad terminan saltando lejos mientras los bombos golpean como maquinaria industrial. Aullamos coros que ni siquiera conozco. Hay algo profundamente básico y primigenio en el ritual que estamos levantando. Uno de los lobos salta sobre el escenario con el sampler mientras yo siento las mejillas rojas y la energía absurda de opening recorriéndome por completo. Aunque estoy terminando una semana eterna, siento que podría pelear contra cualquier cosa. Es solo cuestión de convicción. Y entonces entiendo la gracia.

Eso es exactamente lo que hacen los openings. Convencerte durante tres minutos de que todavía puedes luchar. Con “Reaching for the Sky” pienso en la última vez que estuve en un show sin cámaras. Francamente no lo recuerdo. Recién llevamos cincuenta minutos de concierto, pero hacen un descanso. Aparece un vídeo subtitulado donde explican que las finanzas de la banda están en llamas por culpa de los costos alimenticios animales. KFC, costillas y kimchi. Todo el Coliseo ríe. Uno de los lobos debe conseguir trabajo rápido para salvar la situación. “MEAT FIRST”, declara finalmente la pantalla. Ese interludio solo sirve para aumentar el cariño del público por ellos. Explican que por lo caluroso de los trajes deben tomarse esos pequeños breaks. Después viene “Dive” en versión acústica. Piden silencio, pero también recuerdan algo importante. “This is a rock show. The place where you can feel the most freedom”.

Ahí recién termino de entender por qué la prohibición de grabar funcionó tan bien. Sin teléfonos levantados todos parecen profundamente presentes. Como dijo Natalia Lafourcade unos días antes: todo lo que tenemos es ahora. “Merry-Go-Round” devuelve la explosión y hace saltar las orejas de felpa a la cresta. Entonces decido seguir finalmente el consejo repetido por todos lados: “Disfruta el concierto a través de tus ojos, no de la pantalla”. Lo intento. Tras tres sacudidas de puño ya soy el protagonista. El niño elegido. El piloto del Gundam. El Hokage.

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En “Fly Again”, ya estoy coreando palabras que apenas entiendo mientras sigo las órdenes del líder de la manada. Sudo el sudor común. Hacia el final, la banda confiesa que siempre soñó con viajar por el mundo, aunque nunca imaginó llegar tan lejos. “Viva Chile, really”. Dan las gracias porque escuchamos música en japonés. Recuerdo también entonces a Candelabro cantando “Fracaso”, en otro de los shows que vi esta semana. Rememoro el impacto en el público del verso: “Dame algo en qué creer, no lo soltaré”. Aquí los puños también se levantan con idéntica energía, con el mismo fervor. Es solo otra manada. Otro aspecto del prisma. Otro grupo de gente buscando su lugar.

Para el encore todos gritan “No nos vamos ni cagando”. Algunos aúllan. Otros piden “Raise Your Flag”. La banda vuelve con una bandera chilena estampada con el nombre de MAN WITH A MISSION. “Aguante los lobos”, escucho detrás mío. Anuncian nueva música. Desde agosto lanzarán tres singles nuevos. Entonces el público empieza a pedir “Emotions”. La gente de la mesa de sonido parece desconcertada. El líder mira hacia atrás y dice: “Give me a second. We haven’t done this before” Vi el setlist. Es verdad.

Pocas veces he visto una salida de libreto tan evidente en un concierto. La manager parece estresada. Pero al líder le da exactamente lo mismo. Mira fascinado la respuesta del público mientras grita: “CHILE! CHILE!”. Y todo ardió. “My Hero” desaparece del encore y “Raise Your Flag” mantiene su lugar. Todas las banderas chilenas del club de fans terminan elevadas al aire mientras el Coliseo entero canta el coro. Era el final perfecto. ¿Y el registro? Solo en nuestras memorias. La polera empapada en sudor es el único testimonio.

Setlist:
Man With a Mission World Tour 2026 – Making New Ground – Americas
Vertigo
Dark Crow
Hey Now
Dead End in Tokyo
database
REACH FOR THE SKY
Winding Road
When My Devil Rises
Seven Deadly Sins
Dj & Drum Session
Dive
Merry-Go-Round
Take Me Under
FLY AGAIN
Against the Kings and Gods
KISUKA NO KISEKI
EMOTIONS
Raise your flag