Por Sebastián Allende.
Hablar de Evaristo Páramos es mucho más que repasar la trayectoria de un músico; es recorrer más de cuatro décadas de inconformidad crónica y crítica social punzante. Para él, el punk no es un disfraz ni un género musical pasajero, sino una herramienta de expresión política y cultural radicalmente honesta. Su figura ha logrado trascender escenas y modas, manteniéndose como una presencia incómoda para el poder y un refugio para quienes encuentran en su voz el eco de sus propias frustraciones y rabias.
En el marco del Festival Rockout 2026, que reunirá a los pilares del hardcore y el rock combativo este 25 de abril en el Estadio Santa Laura USEK, la historia de Evaristo cobra una relevancia especial. No llega como una pieza de museo para la nostalgia, sino como una presencia activa y necesaria en tiempos donde la música de protesta vuelve a ocupar un lugar central.
Nacido en el País Vasco —territorio históricamente atravesado por tensiones sociales y una identidad férrea—, Evaristo formó parte de una generación que vio en el punk la vía de escape perfecta. No se buscaba virtuosismo ni manifiestos extensos; se trataba de golpear fuerte, claro y sin filtros. De esa urgencia nació La Polla Records, banda fundamental del punk ibérico y latinoamericano que, en una España marcada por la represión y las promesas rotas de la Transición, ofreció la banda sonora definitiva de la desilusión social.
Discos como Salve (1984), No somos nada (1986) o Ellos dicen mierda, nosotros amén (1990) no solo definieron una estética sonora basada en la velocidad y la simpleza, sino también un contenido lírico que desnudó el autoritarismo, la manipulación mediática, la religión y la apatía de una sociedad anestesiada. A pesar de los constantes vetos, problemas legales y roces con la industria, Evaristo nunca negoció su discurso. Esa coherencia es lo que hoy lo convierte en una referencia obligada para las nuevas bandas: hacer música desde la convicción, sin pedir permiso.
Tras el cierre del ciclo con La Polla, muchos vaticinaron su retiro, pero Evaristo respondió con la creación de Gatillazo. Este proyecto no fue un intento de recrear el pasado, sino una evolución para enfrentar las contradicciones del siglo XXI: la precariedad laboral, la vigilancia digital y la mercantilización absoluta de la vida. Con álbumes como Gatillazo (2005), Sex Pastels (2008) y Sangre y mierda (2011), demostró que el punk no es una cuestión de edad, sino de actitud. En vivo, consolidó una propuesta intensa donde sigue al frente, diciendo lo que muchos piensan pero pocos se atreven a cantar.
La influencia de Evaristo es profunda y transversal. Su impacto no es solo musical, sino conceptual: su forma de escribir y su cercanía con el público han cimentado una relación de respeto mutuo. No sube al escenario a dictar lecciones, sino a compartir una descarga de energía pura, una horizontalidad que es la clave de su vigencia.
Este 25 de abril, desde las 14:00 hrs, el Estadio Santa Laura USEK será el epicentro de una jornada donde el ruido y el mensaje se cruzarán sin concesiones. En un cartel repleto de nombres esenciales, la presencia de Evaristo funciona como un puente generacional y un recordatorio de que la música sigue siendo un espacio de resistencia. Estará ahí, haciendo lo que siempre ha hecho: cantar lo que otros callan. Rockout 2026 no es solo un festival de bandas; es la confluencia de historias que entienden la música como una expresión real, directa y potente. Las entradas ya se encuentran disponibles a través del sistema Punto Ticket.


