Dream Theater en Movistar Arena: Un momento que queda grabado para siempre

22 de abril 2026.

Por Paulo Domic.
Fotografías por Javier Martínez.

Cuarenta años de historia no se gritan; se ejecutan con la sobriedad de quien ya no tiene nada que demostrar, pero sí mucho que recordar. Lejos del estruendo emocional que significó el primer reencuentro con Mike Portnoy a fines de 2024, la cita de este 22 de abril en el Movistar Arena se sintió como la decantación definitiva de un rito institucional. Bajo una configuración de asientos en cancha que permutó el frenesí por la contemplación apasionada, los neoyorquinos regresaron a Santiago con su “40th Anniversary Tour” para ofrecer un extenso despliegue de dos actos. Lo vivido anoche no buscó el impacto frenético, sino la validación de un lenguaje compartido: el de un quinteto que sigue siendo la métrica absoluta para entender el metal progresivo a nivel global.

El itinerario funcionó como una apuesta audaz, invirtiendo la lógica habitual al situar el presente absoluto como la primera piedra del relato. Potenciado por la trascendencia de saber que la jornada estaba siendo registrada para un futuro lanzamiento oficial —un hito que sitúa nuevamente a Santiago como un bastión para la posteridad del grupo—, el conjunto decidió abrir con el despliegue íntegro de su más reciente placa, Parasomnia. En este escenario, el retorno del baterista fundador se percibe ya no como novedad mediática, sino como el motor rítmico que devuelve a Petrucci y Myung una complicidad orgánica. El virtuosismo del ensamble y el oficio de un James LaBrie que administra su registro con madurez, confirmaron una verdad absoluta: Dream Theater ha dejado de competir con el resto del mundo para hacerlo únicamente contra la perfección de su propio pasado.

La liturgia comenzó a las 21:00 hrs. en penumbras, no con un himno del ayer, sino con el pasaje instrumental “In the Arms of Morpheus” preparando el terreno para el despliegue técnico que vendría. Ver a la agrupación defender su actualidad con tal fiereza es, para el seguidor de larga data, una validación de su vigencia creativa. El primer bloque avanzó por la densidad de “Night Terror” y el vértigo de piezas como “Midnight Messiah”, momentos donde el recinto se transformó en un laboratorio de síncopas perfectas. Este tramo inaugural, donde la banda se rehusó a ser una maquinaria de fan service, encontró su punto álgido en la impresionante “The Shadow Man Incident”, que se erigió como el clímax del disco y el cierre del primer acto, agotando la primera mitad de la jornada y dejando en el aire una tensión eléctrica que solo un respiro necesario pudo contener momentáneamente.

Al retomar la sesión, el regreso a escena supuso el reencuentro con la historia, pero bajo un prisma de renovada agresividad técnica. El bloque comenzó con “The Enemy Inside”, única sobreviviente de la era de Mike Mangini en el setlist; un reconocimiento sobrio de que la historia no se borra, aunque hoy se lea bajo un prisma distinto. El viaje continuó por la emotiva oscuridad de “Fatal Tragedy” y la complejidad rítmica de “The Dark Eternal Night”, demostrando que la maquinaria instrumental se mantiene intacta. Tras la atmósfera de “Peruvian Skies”, en la que se dieron el lujo de jammear y de citar musicalmente a grandes referentes para ellos como Pink Floyd y Metallica, la gran sorpresa llegó con el rescate de “Take the Time”, una pieza del clásico Images & Words que, con su mensaje de resiliencia, funcionó como el puente perfecto hacia el desenlace, antes de que el grupo abandonara el escenario entre la algarabía de una audiencia que celebraba el triunfo de la memoria colectiva.

Sin embargo, el verdadero cénit aguardaba para el encore. En un movimiento maestro para sellar el registro, la interpretación íntegra de “A Change of Seasons” se alzó como el monumento final. Casi veinticuatro minutos donde la dicotomía de la agrupación se volvió evidente: mientras la sección instrumental operó con una precisión que desafía el paso del tiempo, el foco se posó en la labor del vocalista. Con un temple admirable, adaptó su interpretación de forma funcional y honesta, sacando adelante la obra para reconectarnos con esa memoria compartida. Fue el cierre definitivo para una noche de comunión absoluta.

Las palabras siempre serán insuficientes para comentar con justicia lo que se experimenta al ser testigos de un virtuosismo de este calibre, más aún cuando se tiene la certeza de que esta jornada ha quedado capturada para la posteridad en un registro oficial que vuelve a situar a Santiago como lugar esencial de su trayectoria. Solo queda la inevitable satisfacción de haber estado frente a tantos talentos que, desde aquel glorioso primer encuentro en 2005 hasta esta noche de aniversario, nos siguen demostrando que frente a sus genios, el tiempo es apenas un testigo mudo de su grandeza.

Setlist:
In the Arms of Morpheus
Night Terror
A Broken Man
Dead Asleep
Midnight Messiah
Are We Dreaming?
Bend the Clock
The Shadow Man Incident
– Intermedio –
The Enemy Inside
A Rite of Passage
Through My Words
Fatal Tragedy
The Dark Eternal Night
Peruvian Skies
Take the Time

Encore:
A Change of Seasons

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