2 Minutos llega a Lollapalooza Chile: Punk, ironía y cerveza tibia en medio del arcoíris

Por Sebastián Allende.

En un festival donde conviven el glitter, las selfies con filtro y los beats diseñados para TikTok, la llegada de 2 Minutos a Lollapalooza Chile —emblema del punk rock de habla hispana— se percibe casi como un acto de rebeldía. La agrupación argentina, estandarte del punk barrial latinoamericano, aterriza con su combo de himnos cerveceros, bronca de esquina y honestidad sin maquillaje.

Porque 2 Minutos no viene a encajar; viene a desentonar. Su presencia nos recuerda que el punk no pide permiso, no se peina para la foto y prescinde del storytelling de marca para validar su relevancia. En un escenario pensado para el consumo de stories, el quinteto rescata canciones que nacieron en la calle y crecieron entre botellas, buses llenos y vidas suspendidas entre la rabia y la celebración.

Fundada en 1987 en Valentín Alsina, Buenos Aires, la formación actual cuenta con el icónico Walter “Mosca” Velázquez en la voz, Alejandro “Papa” Ainadjian en el bajo, Monti Burns en la batería y las guitarras de Alejandro “Indio” Mirones y Pablo Coll. Considerados pioneros del género en Argentina, sus letras retratan el barrio, la clase obrera y la lealtad entre latas de cerveza. Estas temáticas quedaron inmortalizadas desde su álbum debut, Valentín Alsina (1994), un clásico instantáneo con cortes que golpean como puñetazos de realidad. Destacan piezas como “Ya no sos igual”, dedicada a un quiosquero que resultó ser policía, y “Arrebato”, hitos que marcaron sus primeros pasos hacia la leyenda. Aquella energía se expandió con su segundo disco, ¡Volvió la alegría, vieja! (1995), y se consolidó con uno de sus trabajos más potentes: Postal ’97 (1997). Estas producciones cimentaron su identidad en la escena latina con temas como “Todo lo miro”, “Gatillo fácil” y “Piñas van, piñas vienen”, himnos de barrio que hoy conservan toda su vigencia y vigor.

Su discografía continuó nutriéndose con lanzamientos como Advertencia (1998), Antorchas (2000), Un mundo de sensaciones (2006) y el reciente La máquina de hacer cagadas (2024), por mencionar algunos. Esta trayectoria está jalonada por hitos históricos: en 1995, fueron la primera banda argentina de punk en tocar en el mítico CBGB de Nueva York (cuna de The Ramones y Television) y, en 1996, tuvieron el honor de telonear a The Ramones en su despedida mundial, hechos que ratifican su importancia global dentro del género.

La ironía es cautivadora: ver a una banda de choque como 2 Minutos en uno de los festivales más pulcros y globalizados del continente. Es el punk presentándose ante una audiencia que, quizás, nunca ha subido a una micro llena a las 7 de la mañana ni ha bebido en una plaza, pero que terminará coreando sus estribillos como si la vida dependiera de ello. Ahí reside la magia: el punk no discrimina, contagia.

En la edición 2026 de Lollapalooza —que regresará al Parque O’Higgins—, 2 Minutos será esa mancha de cerveza en la polera blanca del festival. Y es algo que se agradece. Cuando el rock se acomoda, corre el riesgo de ablandarse y volverse parte del statu quo. Es ahí donde el punk aparece para incomodar, despeinar el paisaje y recordar que la música puede ser un golpe al sistema, incluso desde un escenario gigante.

Para quienes deseen ser testigos de este choque frontal entre el punk y la maquinaria festivalera, las entradas para Lollapalooza Chile 2026 aún están disponibles a través de Ticketmaster. Es una invitación abierta a ensuciarse un poco, gritar fuerte y comprobar que, incluso en los espacios más prolijos, el ruido siempre encuentra la forma de colarse como una patada directa al pecho.

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