28 de abril 2026.
Banda invitada: Los KK.
Por Ricardo Olivero.
Fotografías por Javier Martínez.
Lo de anoche en el Teatro Coliseo no estaba en los planes de nadie y, quizás por eso mismo, terminó siendo uno de los momentos más intensos de este inicio de semana. Cuando el polvo recién comenzaba a asentarse tras la maratónica edición del Rock Out —que dejó a su paso una seguidilla de nombres de peso como Bad Religion, Non Servium y 2 Minutos—, apareció casi como un rumor que se niega a quedarse en voz baja una noticia directa a la vena: Evaristo Páramos tocaría en Santiago en formato sideshow, con poco aviso y sin la parafernalia de un gran anuncio.
Lo que pudo ser un simple apéndice del festival terminó convirtiéndose en una declaración. Si algo dejó claro la noche en el Coliseo es que Evaristo no necesita grandes campañas ni contextos grandilocuentes: le basta un escenario, un repertorio afilado y un público chileno que hace décadas lo adoptó como propio. Había, además, una carga simbólica imposible de ignorar. La herida abierta de aquella despedida accidentada de La Polla Records en el Estadio La Florida sigue siendo un punto de referencia obligado cada vez que Evaristo pisa Chile. Ese episodio, que prometía ser un cierre histórico, dejó más preguntas que certezas; desde entonces, cada regreso ha operado como una suerte de reparación progresiva. Los llenos en el Caupolicán ya habían insinuado ese proceso, pero lo del Coliseo se sintió más definitivo: menos deuda, más presente.
La jornada comenzaba con los veteranos de Los KK, una verdadera institución del punk nacional que desde 1989 ha escupido radiografías certeras de la sociedad chilena. Su vigencia impacta y asusta, reafirmando a la banda como un estandarte que dispara balas contra lo establecido. Con nuevo material bajo el brazo después de décadas, titulado La vida es un infierno (editado tanto en CD como en LP), la banda ha logrado mantenerse vigente ya no solo por la nostalgia, sino buscando un camino propio en la actualidad. El inicio con el himno “No eres nada”, verdadera pieza de la intransigencia, encendió los ánimos de la gente que ya se agolpaba en el recinto para una jornada sin concesiones. Su nuevo material fue mezclado con su clásico y trascendental debut de 1989, el disco KK Urbana, que contiene himnos como “Estado decadente”, “Anti fuerza pública” o “Doble tormento”, reversionando a la gran Violeta Parra con su tema “Mira cómo sonríen”. La banda tuvo mensajes para el “Kast” y su llamado a interrumpir su “nido de amor” en La Moneda, mostrando que la protesta es actual y que la vigencia de sus letras sigue siendo necesaria, haciendo eco tanto en las antiguas generaciones de punks como en las nuevas que han tenido el privilegio de verlos en vivo tras más de 37 años de trayectoria.
Volviendo a Evaristo, el “Puto Amo” y su esperado show de fondo, el arranque fue brutal en su simpleza. “Salve” abrió el fuego y bastaron segundos para que el teatro entrara en combustión. Ver a Evaristo aún dándolo todo en el escenario es algo que impacta y emociona, dejando al público chileno en éxtasis ante la posibilidad de compartir espacio con el compositor más ácido e influyente de habla hispana en los territorios del punk rock. A diferencia de otras visitas, el setlist se sintió particularmente amplio, casi como una radiografía completa de su trayectoria. No solo hubo espacio para los clásicos inevitables de La Polla Records, sino también para ese entramado de proyectos que Evaristo ha ido construyendo con los años: Gatillazo, The Meas, The Kagas, Tropa de Carallo y otras encarnaciones que amplían su discurso sin traicionar su esencia.
“Estrella del rock” apareció temprano, con esa mezcla de ironía y crítica que sigue golpeando con precisión quirúrgica. La respuesta del público fue inmediata: coro cerrado, brazos arriba y pogo constante. “Así casca la basca” mantuvo la intensidad en niveles altos, mientras que “Lucky Man” aportó ese filo sarcástico que atraviesa toda su obra y que nos paseaba por parte del repertorio más clásico de La Polla Records. Pero más allá de los hits evidentes, hubo un trabajo interesante en la dinámica del show. “Poesía”, desde The Meas, introdujo un cambio de ritmo sin perder profundidad, mostrando una faceta menos frontal pero igual de incisiva. “Santa Águeda”, en clave The Kagas, volvió a encender la mecha, recordando que el repertorio de Evaristo no es una pieza de museo, sino un organismo vivo que sigue dialogando con el presente.
También hubo espacio para otras piezas que reforzaron esa idea de recorrido integral: temas de Gatillazo que mantuvieron la velocidad y la crudeza, y cortes menos evidentes que los fanáticos más fieles supieron reconocer y celebrar. El set, cercano a las dos horas, evitó caer en la rutina de “grandes éxitos” y optó por una narrativa más amplia y honesta. No obstante, temas como “Solución final” o “Delincuencia” marcaron la fibra más profunda de quienes llevan escuchando a La Polla Records desde su juventud y que hoy transitan las cuatro décadas o más, mostrando lo imperecedero de su mensaje. Este nuevamente se nos presenta como despedida, pero sospechamos que puede tener un segundo o tercer aire más en su trayectoria.
Sobre el escenario, Evaristo se mostró en su versión más reconocible: directo, sin adornos, con ese discurso que mezcla humor ácido, crítica social y una distancia evidente respecto a cualquier etiqueta. Porque, aunque el mundo insista en ubicarlo como artista punk, él sigue moviéndose en un terreno propio, incómodo y difícil de encapsular. El tramo final condensó todo lo anterior. “Esclavos del siglo XXI” llegó como un golpe certero, con la intensidad acumulada explotando en el momento justo. Evaristo, fiel a su estilo, eliminó cualquier barrera física lanzándose al público, en un gesto que sigue teniendo más sentido que cualquier discurso.
Y entonces, el cierre inevitable: “Ellos dicen mierda”. Más que una canción, un ritual. Un himno que trasciende generaciones y contextos, que convierte cada presentación en una especie de acto catártico. El Coliseo completo coreando, saltando y descargando años de historia en minutos coronó casi dos horas de show que tuvo brevísimas pausas. Lo que deja una noche así no es solo la satisfacción del show cumplido; es la sensación de que esto puede repetirse. Hay una conexión que sigue viva y que no depende de modas ni de coyunturas específicas. Si el paso por el RockOut confirmó la vigencia del género en términos masivos, lo del Coliseo reafirmó algo más profundo: que figuras como Evaristo siguen teniendo un lugar central en esa conversación y que su propuesta continúa siendo necesaria. Al final, más allá de etiquetas, lo de anoche fue una descarga honesta e intensa. Pase lo que pase en el futuro, el legado de La Polla Records es inmortal y, si no, de cualquier manera, el futuro apesta. Larga vida a Evaristo, el puto amo.
Setlist:
Salve
Pánfilo panfleto ataca de nuevo
Come libertad
Nuestra alegre juventud
…O esclavos
Otra canción para la policía
Poesía
A tu lado
Santa Águeda
Estrella de rock
Así es la vida
N°1 en U.S.A
Así casca la basca
Lucky Man for You
Sin sitio para vivir
La gran engañada
Leña
Mucha muerte
Tu más enérgica repulsa
Come mierda
Vacaciones en Europa
Gaseosa la clashera
Puedes ser idiota
Igual para todos
Todo por la patria
Funkerilla
Boing Boing
Simios en armas
Campos de concentración
La última patada
La solución final
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Los chicos con las chicas
Hemos venido a divertirnos
7000 millones de personas no pueden tener un rancho en California
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Los siete enanitos
Vente a la mierda
Toda la puta vida igual
Llora el teléfono
Welcome Refugees
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Delincuencia
Que turututu, ay que tururu
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Esclavos del siglo XXI
Ellos dicen mierda

