Por Sebastián Allende.
Una de las bandas que más dará que hablar en Lollapalooza Chile 2026 llega desde Estocolmo con un plan sencillo y feroz: convertir la pista en una zona de fricción donde el bajo manda, el saxofón corta el aire como una sirena y la voz se ríe, bajo la constante guía del humor negro, de nuestras pequeñas tragedias modernas: Viagra Boys aterriza, previo a la realización del festival, con un sideshow el 11 de marzo en Sala Metrónomo y con un repertorio que ha crecido disco a disco, moviéndose con desparpajo entre el post punk, el art punk y un pulso bailable que no teme ensuciarse las manos.
La agrupación se formó en 2015 y consolidó una alineación donde conviven guitarra, teclas, bajo, batería y saxofón alrededor de un frontman de presencia magnética: Sebastian Murphy, acompañado por Linus Hillborg en guitarra, Elias Jungqvist en teclados, Henrik “Benke” Höckert en bajo, Tor Sjödén en batería y Oskar Carls en saxofón. Esa combinación instrumental, más la química en escena, explica sus presentaciones en vivo: canciones que no se limitan a ser interpretadas, sino retorcidas y empujadas hasta el borde del colapso controlado. Es en este contexto que la banda trabaja con dinámicas de tensión y liberación sonoras mientras Murphy dispara y escupe imágenes entre la sátira y la catarsis.
El debut de los suecos llegaría en el 2018: Street Worms nos presentó la hoja de ruta que caracterizaría al combo: grooves densos, guitarras con filo y un sentido del absurdo que convierte la crítica social en baile torcido. Allí emerge su identidad sónica: líneas de bajo que avanzan con seguridad obstinada, patrones de batería que invitan al movimiento sin perder aspereza y arreglos de saxofón que irrumpen para desordenar la geometría del tema. Velocidad emocional, humor corrosivo y un oído agudo para el gancho rítmico.
Con su segundo LP, Welfare Jazz (2021) el sexteto expandió su mapa. Mantienen la columna vertebral punk, pero abren ventanas: texturas más aireadas, guiños de teclado y un pulso que, por momentos, coquetea con un swing torcido. La banda se permite respirar entre embestidas, utilizar silencios como recurso dramático y soltar melodías que asoman desde el caos. El resultado es un segundo álbum en donde la ironía se vuelve todavía más punzante.
Cave World (2022) es el golpe en la mesa: un tercer trabajo que mira a la paranoia contemporánea de frente y la transforma en combustible rítmico. Aquí el grupo afila su faceta más física: patrones casi industriales, baterías que empujan con inercia de pista y riffs que se pegan como una consigna. Piezas como “Ain’t No Thief” y “Punk Rock Loser” exponen el ADN del conjunto en su versión más contagiosa que elevan la temperatura y marcan el tono del ritual que ya era una constante en sus shows en vivos con presentaciones que no se mostraban desapercibidas.
La última muestra discográfica de la agrupación aparecería en el 2025 y sería titulada Viagr Aboys, en donde aparecen las guitarras más filosas, sintetizadores que fijan el pulso y letras donde la introspección convive con el colmillo habitual. Este es un álbum que confirma la elasticidad del proyecto sin renunciar a su identidad de estallido.
Con todo este recorrido, se explica por qué su visita genera expectativa, Viagra Boys es una de las pocas bandas actuales que realmente convierten la incomodidad en celebración con tanta naturalidad, con un lenguaje que si bien es musical, también es corporal con un bajo que arrastra, la batería que acelera, el saxofón desarma, la guitarra chisporrotea y la voz se planta como el gran maestro de ceremonias de un carnaval ligeramente peligroso.
Este 2026, Viagra Boys llega a nuestro país por partida doble. La primera parada será el 11 de marzo, cuando la Sala Metrónomo se transforme en laboratorio y pista de aterrizaje para canalizar toda la energía del sexteto en un show ya completamente agotado. Dos días después, el viernes 13 de marzo, será el turno de un Parque O’Higgins dispuesto a recibir una nueva edición de Lollapalooza Chile, donde la banda sueca promete convertirse en uno de los actos más comentados del fin de semana. Con su mezcla de ruido necesario, humor incómodo y baile torcido, todo indica que entregarán una de esas presentaciones capaces de sacudir a cientos de asistentes y dejar la marca inconfundible de su caos magnético.
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