22 de mayo 2026.
Por Jaime Farfán.
Fotografías por Javier Martínez.
“Este espacio genera las condiciones ideales para que ustedes puedan abrir el corazón y dar la bienvenida a las emociones que podrían aparecer”, anunció tres veces una voz que decía ser de la transmisión de Radio Cancionera. Lo cierto es que había mucha expectativa contenida en el ambiente ante un Movistar Arena lleno de fanáticos que, una vez más, recibían a Natalia Lafourcade en una nueva fecha del Cancionera Tour.
Pero no era una fecha cualquiera de la gira para Natalia. La cantante mexicana, quien regresa en el punto cúlmine de madurez musical y fuerza vocal, tiene una conexión especial con Chile. No solo ha tocado incontables veces, varias en el mismo Arena, sino que su padre, Gastón Lafourcade, es de origen chileno-mexicano. Así lo manifestó ella misma en más de una ocasión, destacando la dualidad de su corazón mientras interpretaba “Caminar Bonito” con la bandera chilena en su regazo.
La voz de Lafourcade llenó y retumbó en cada uno de los rincones. Inició suavemente con conmovedoras interpretaciones en piano de “Vine Solita”, “Muerte” y “Pájaro Colibrí”. Por momentos, el silencio era absoluto: todos los corazones permanecían fijos, hipnotizados por el magistral despliegue de la cantante. Después comentó: “Qué mal rato pasé tratando de dar lo mejor en estas canciones”, rió. “Agarraría este piano a patadas, el 80% de las teclas falló”.
Pero cualquier inconveniente técnico no detuvo el show, que inicialmente anunciaba una duración aproximada de hora y media, dependiendo de la alegría y el entusiasmo de los asistentes. Más de dos horas terminó durando, sostenidas por una alegre Natalia que sacó de una maleta que la acompañaba una handycam, una botella del “mezcal de las canciones”, que fue bajando a sorbos cada vez más frecuentes, y la mejor selección de los temas más destacados de su carrera. También dio rienda suelta a la palabra y la lírica, adornando varias de las composiciones con versos extra en décimas, como en la hermosa y nostálgica “Soledad y el Mar”.
Además, la noche pretendía ser una celebración para las cancioneras y los cancioneros del mundo, y para eso la mexicana invitó a la cantautora nacional Magdalena Matthey, con quien, a dueto, cantaron hermosas versiones de “Llorar” y “Volver a los 17”, que fueron acompañadas del cariño del público. Y, a medida que seguía bajando la botella de mezcal, más animada se iba poniendo la cosa, haciendo un recorrido por el amor y el desamor, contrastando “El Palomo y la Negra” con la clásica “Nunca es Suficiente”.
En otra presentación inolvidable, que hizo honor al concepto de “Doy gracias a la muerte por enseñarme a vivir”, Natalia Lafourcade se reencontró con su familia chilena. Hubo tantos detalles que es imposible atraparlos todos: la trenza con lazos rojos, el vestido auto diseñado, las coronas de flores con luces o la dinámica de subir al público a grabar con la handycam. Cada uno de los asistentes tuvo con qué maravillarse y su propio espacio, momento y lugar para tomar vuelo, dejarse llevar y emocionarse una vez más junto a la voz de la Cancionera.
Setlist:
Apertura & Lágrimas
Vine Solita
Muerte / Pajarito Colibrí
Décima Cancionera
Cancionera
Mascaritas de cristal
De todas las flores
María la Curandera
Soledad y el mar
El Lugar Correcto
Caminar Bonito
Llorar
Volver a los 17
Como quisiera quererte
Que te vaya bonito, Nicolás
Un Derecho de Nacimiento
El Palomo y la Negra
Nunca es suficiente
Lo que construimos
Para que sufrir
Tú sí sabes quererme
Mi tierra veracruzana
Hasta la raíz
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