Candelabro en Teatro La Cúpula: No todo está perdido, aún nos tenemos en la música

20 de mayo 2026.

Por Ignacia Gutiérrez.

El lanzamiento del que fue catalogado como uno de los discos del año el 2025 prometía este miércoles una noche cargada de rock y energía en el Teatro La Cúpula. Candelabro, el grupo compuesto por 7 jóvenes músicos superó cualquiera de las expectativas, un repaso canción por canción del nuevo álbum convirtió la jornada en una difícil de superar e inolvidable, en que la religión, la crítica social y el teatro se unieron para dar cuenta del merecido éxito y consolidación a nivel nacional y latinoamericano como una de las promesas del rock.

Un espacio que se hizo pequeño mucho antes de que empezara el show a eso de las 20:30, cuando apareció Nahuel, el joven encargado del clarinete y la trompeta en la banda para, en una de las muchas alusiones al catolicismo, bendecir al público y marcar el puntapié del show. Con cada integrante en escena y el público dejando ver la ansiedad en medio de gritos y aplausos que se acallaron cuando Matías Ávila tomó la guitarra, abrieron el show con la canción “Las copas”, un instrumental donde el saxofón de María toma el protagonismo.

Los mosh no tardaron en desatarse, y es que probablemente una de las canciones que yace en el inconsciente colectivo hizo que el lugar casi se viniera abajo, “Domingo de ramos” fue coreada al unísono por todas las personas del lugar, incluso neutralizando la voz de los cantantes, quienes junto a sus padres sobre el escenario observaban lo que pasaba en cancha. Sin detenciones, pero respetando el montaje en actos del show, todo se volvió una hermosa puesta en escena entre confesionarios y asientos para hacer el intento de interpretar las canciones con un poco de calma entre la euforia de los fanáticos. “Haz de mí” y “Prisión de carne” fueron cantadas con Javiera detrás de esta escenografía. El acto titulado Confesión termina con Matias y Javiera cantando “Ángel” sentados frente al confesionario, actuando como dos amigos que se juntan a hablar en una plaza.

El juicio, como se tituló el tercer acto, inició con “Liebre”, una propuesta distinta al disco pero que logra ser tan solida como el resto de las canciones, en medio de sonidos de rock y ska, la música se torna un poco más lenta para que Luis, el guitarrista, declame, con una fuerza que no fue interrumpida por el público, que miraba en silencio, con admiración. Un fuerte grito por parte del vocalista introducirá la canción “Pecado”, en medio de los riffs, el público salta y dos banderas aparecen flameando en la cancha. Una canción intensa, la más política del álbum que hizo que Matías Ávila recitada el final de la canción sobre un estrado, como si se tratara de una verdadera evangelización sacerdotal. Luis deja la guitarra y se acerca a las primeras filas para gritar la línea final, “Dios no elige a su pueblo, el pueblo elige a su Dios”.

María se hizo protagonista con un solo de saxo en “Tierra maldita” mientras su compañero de podio, Nahuel, realizaba gestos de cruces con las manos hacia el público. El bloque termina entre luces azules y la canción que da título al álbum interpretada por Matías. Los músicos salen breves minutos para volver, de blanco, salvo por Carlos, quien ha oscilado entre un piano de cola blanco y el bajo durante la noche. El momento de la asunción ha llegado, y de la mano el momento de cantar un verdadero himno que ha marcado con fuerza el momento político del país, como si se tratara de una canción protesta de Los Prisioneros en los 80 y 90. Fracaso es coreada por las diferentes generaciones que se hicieron presentes en el lanzamiento. Un abrazo colectivo de esos que hacen parecer que aún hay esperanzas.

Abandonando por breves minutos el saxo, “Tres flores blancas” se dio inicio con el dulce canto de María, para dar el paso a Javiera. Tras el fin de “Caliz”, Carlos se acerca a Matías para poner en su cara una máscara blanca, parece ser el manto de Jesús al morir o un hombre sin rostro, la voz principal se desmaya en los brazos de dos personas para ser sacado del escenario. Bajando las escaleras de la platea en medio del público para continuar en la cancha, Matías canta “José”, la última canción del álbum, resucitando en medio de esta hora y media de ceremonia.

Candelabro ya tocó el disco completo, los músicos están sobre el escenario y Ávila pide un aplauso, más fuerte, para cada uno de los integrantes, que presentó él mismo. Agradece a las personas que hicieron posible el disco, entre las que se encuentra Gonzalo González, uno de los imprescindibles del rock chileno de los último 30 años, Juan Soto, de Déjenme Dormir y Emanuel Irarrabal, también un sentido homenaje al equipo de producción y a las familias, donde se detiene en su padre, quien venció el cáncer y cuya historia fue parte importante de inspiración para crear el disco.

El bis estuvo dedicado al disco Ahora o nunca, lanzado el 2023, “Refugio I y II” desataron la nostalgia en aquellos fanáticos que los han acompañado desde los primeros momentos de la banda en el Bar de René o Rojas Magallanes, a solicitud del público que daba cuenta de las ganas de seguir saltando y cantando y rompiendo con lo que tenía preparado la banda, continuaron con “Dedo chico” y “Señales”. “Piano a piano” y “Madre” fueron el broche de oro del show, uno que quedará guardado por siempre en el corazón de la banda y probablemente se sitúe en el ranking de shows del año.

Candelabro no es solo talento, amistad y canciones con letras potentes y melodías enérgicas, hay ambición sin olvidar sus raíces. Sus canciones y la historia de cada integrante son un recuerdo constante que en estos convulsos tiempos que vivimos no todo está perdido, nos recuerdan la música chilena tiene una pisada fuerte que dar, especialmente en el rock y que siempre tendrá algo que decir.

Setlist:
Las copas
Domingo de ramos
Haz de mí
Prisión de carne
Tumba
Ángel
Liebre
Pecado
Tierra maldita
Deseo, carne y voluntad
Fracaso
3 flores blancas
Cáliz
José
Refugio 1
Refugio 2
Dedo chico
Señales
Piano a Piano
Madre