Camila Moreno en CEINA: Esa íntima, salvaje y profunda primera luz o el miedo al vacío

16 de agosto 2026.

Por Pablo Álvarez P.
Fotografías por Diego Fuentes.

Vastamente han escrito filósofos y pensadores sobre el rechazo del ser humano a aceptar el fin y su temor a la pérdida del sentido. Y es que pareciera que el ir en búsqueda de un nuevo comienzo luego de la destrucción, hace que nos aferremos a cualquier haz de luz que nos invite a creer en un nuevo propósito. Desde Séneca, pasando por el existencialismo, hasta la logoterapia, hay siglos de literatura al respecto. Y es precisamente ese primigenio fulgor el que Camila Moreno celebraba este fin de semana en el Centro Cultural CEINA, conmemorando el primer año de La Primera Luz.

La celebración que estaba pactada para 4 semanas atrás, debió suspenderse debido al temporal que dejó a buena parte de la capital inundada y –cómo no- sin luz. Pero, aún con los ecos de las más recientes precipitaciones sobre los adoquines de calle Arturo Prat, este domingo el Centro de Extensión del Instituto Nacional prácticamente se llenó para la pospuesta cita. Una emocionada Martina Montaldo fue la encargada de abrir los fuegos. La cantautora junto a su guitarra, un cejillo y 4 canciones preparó la atmósfera para Camila Moreno.

Poco antes de las 19:30 horas, se abrió el telón y un ruido inundó el escenario que estaba en penumbras. Llegaba -al fin- la esperada “Primera Luz”. Con la letra proyectada en una pantalla negra, como escrita a mano, se llenaba paulatinamente el virtual pizarrón, mientras la banda de 5 integrantes (Moreno incluída) poco a poco ganaba protagonismo. Ya en la balada “Madre Nunca, Niña Siempre”, la cantautora desidealizó los roles de la mujer y expió algunas culpas.

“Muchas gracias. ¿Cómo están? Se ve muy bacán de acá”, dijo a modo de saludo, antes del desamor sincero y consciente de “Irreversible”, donde el público aprovechó de ir calentando las gargantas. Lo mismo sucedió en “Vapor”, acompañada de la atmósfera humeante del escenario teñida de rojo, aunque el pizarrón seguía de negro y sumando frases en su cuerpo. Para “Coronación”, un cello apareció en manos de Alfonsina “Alfilera” García, quien arropó y matizó la tranquila, minimalista y sensual pieza que inicia con Camila susurrante junto a su guitara acústica, para luego ir in crescendo hasta confesar que “en el desierto el deseo es sólo fe”.

Dejando por un momento al álbum de la noche, hubo espacio para visitar el fundamental Mala Madre (2015) con “Tu Mamá Te Mató”, donde la artista principal se colgó la guitarra eléctrica, mientras el escenario se tornó azul y la batería de Gabriel “Lele” Holzapfel se centró en el bombo y los timbales para darle épica y robustez a la canción. Aquí ya el público soltó por completo sus cuerdas vocales. “Vamos a hacer una canción de desamor. A ustedes les gustan esas canciones, por eso están acá”, lanzó bromeando la cantante vestida de blanco completo, al anunciar ese lamento eterno llamado “Sin Mí”, que terminó entre los vítores del público. Otro salto temporal llegó con la musicalmente dicotómica “Raptado” (Panal, 2012), con su inicio casi murmurado entre la guitarra acústica y la voz de Moreno, para pasar por ese pesado pre-coro donde el bajo de Iván González llenó la sala, antes de romper en el estribillo con un riff de guitarra eléctrica y los gritos de Camila, en una versión mucho más roquera que la del disco.

De vuelta a La Primera Luz, la cantautora tomó el lugar de Sebastián Lyon en el piano para la sensible y melancólica “Fuga”, mientras vuelven a aparecer gradualmente las letras escritas sobre el pizarrón. La primera invitada de la noche llegó en “Torre”, donde la telonera Martina Montaldo se instaló junto al notable sintetizador de Lyon para una de las canciones que encapsula el espíritu del disco con esa torre que está a punto de caer. Siempre con Moreno al piano, la cantante advierte: “Ahora por favor no lloren, pero esta la cantan conmigo. Yo creo que en mi trabajo la belleza y el dolor pueden convivir”, reflexiona antes de la desoladora “Te Quise”. La audiencia elevó sus voces en un solo lamento y tras un segundo de silencio, los aplausos repletaron el teatro. Algo similar ocurrió con “La Luz Asesina”, última canción de su apocalíptico disco anterior (Rey), donde el CEINA entregó un aplauso ensimismado, como si todos hubiésemos entrado en un estado de introspección emocional.

De vuelta a la guitarra acústica y a La Primera Luz, la velada siguió con “Habla”, dedicada a su hijo quien dejó de hablar por algunos días, impactado por el estallido social. Poco a poco la sonoridad acústica se transformó en un sonido de ultratumba, cargada a los timbales y al bombo, abriendo la puerta a la sección más rockera de la noche. Así llegó “Medalla de Oro”, una canción llena de significado, donde cada frase pesa y que en vivo tuvo un guiño al solo de “Té Para Tres” del MTV Unplugged de Soda Stereo, inspirado a su vez en “Cementerio Club” de Spinetta. En la misma senda, la notable crítica al libre albedrío de “Libres y Estúpidos” le terminó de devolver el espíritu al público que aplaudió y ovacionó al quinteto en uno de los puntos musicales más altos de la noche. Siempre en un tono rockero, llegó un giro electrónico y salvaje a la vez con “Hombre” y la aparición estelar de Chini.PNG. La canción que terminó con el público entonando a todo pulmón el “Que venga la revolución. Y ahora tú te mueres de miedo”, mientras Chini y Camila saltaban, giraban, bailaban y cantaban por todo el escenario, ganándose la aclamación del respetable.

Ya para el tramo final llegó una de las sorpresas del setlist con “El Amor a las Hierbas Salvajes”, donde Moreno tocó el cuatro en una frenética interpretación sobre los imperfectos vínculos humanos. Antes de despedirse, la artista se tomó un momento para dedicar el show a su mánager Juan Ignacio Cornejo, quien pasa por un complicado estado de salud, para luego lanzarse con “Máquinas sin Dios”. Cada staccato remarcó el pulso ajetreado de la canción que terminó con la cantautora tocando la batería junto a Lele, antes de abandonar el escenario. Pero aún quedaba noche y algunas sorpresas, porque tras volver a escena el espectáculo se volvió un verdadero unplugged, con los 5 músicos sentados en la orilla de la tarima, desprovistos de cables y micrófonos para interpretar “Hablando a tu Corazón” (Charly García) y una especial versión de “Antorcha” mezclada con “Arriba Quemando el Sol” de Violeta Parra, con Chini.PNG y Martina Maldonado uniéndose al grupo. Aquí Moreno además se dio maña de hacer cantar al público con distintas voces y frases, cual Jacob Collier. La ovación fue total y llena de sentimiento.

En 1 hora 45 de show, Camila Moreno demostró versatilidad, calidad musical y sonora, pero sobre todo logró llevar desde el primer momento a su público por las emociones que cada momento del show requería. Los paseó entre la luz y la oscuridad, entre lamentos, rabia, críticas, anhelos y la inmolación maternal. Y es que La Primera Luz puede parecer un retorno a los inicios de la artista, pero es más bien un volver a abrazar esos elementos minimalistas de sus primeros años e iluminarlos de manera distinta, con toda la carga de las experiencias tocadas, cantadas y vividas.

Setlist:
Primera Luz
Madre Nunca Niña Siempre
Irreversible
Vapor
Coronación
Tu Mamá Te Mató
Sin Mí
Raptado
Fuga
Torre
Te Quise
La Luz Asesina
Habla
Medalla de Oro
Libres y Estúpidos
Hombre
El Amor a las Hierbas Salvajes
Máquinas Sin Dios
Hablando a tu Corazón
Antorcha/Arriba Quemando el Sol