Oasis: Don’t Look Back in Anger: La canción como medicina para sanar

Por Sebastián Allende.

Corría 2009 cuando una pelea entre bastidores durante el festival Rock en Seine, en París, terminó ocupando portadas en todo el mundo. Oasis, una de las bandas más importantes surgidas del Reino Unido, llegaba abruptamente a su fin y, con ello, se concretaba una fractura que parecía imposible de reparar. Desde ese momento, los hermanos Liam y Noel Gallagher emprendieron caminos separados en medio de declaraciones cruzadas, proyectos personales y un silencio que se extendería por más de quince años.

No fueron quince meses, ni quince semanas, ni quince días. Fueron quince años completos en los que el tiempo siguió avanzando mientras la posibilidad de una reunión se convertía en una fantasía cada vez más lejana para millones de seguidores alrededor del planeta. Sin embargo, durante todo ese tiempo, la música de Oasis jamás dejó de sonar. Quienes crecieron escuchando canciones como “Wonderwall”, “Live Forever” o “Don’t Look Back in Anger” formaron familias, tuvieron hijos y les transmitieron la misma pasión que alguna vez los acompañó durante su juventud.

Con el paso de los años, aquel legado adquirió una dimensión casi mítica. Oasis dejó de ser únicamente una banda para transformarse en un fenómeno cultural capaz de atravesar generaciones, fronteras y contextos. Por eso, cuando en 2025 se anunció sorpresivamente el regreso de la agrupación para una serie de conciertos, la noticia remeció al mundo de la música. Lo que durante más de una década pareció una causa perdida finalmente se convertía en realidad, despertando una expectativa que solo una banda de este calibre podía generar.

Es precisamente ahí donde Oasis: Don’t Look Back in Anger encuentra su mayor virtud. Más que documentar una gira de regreso, la cinta captura la inmensa ola de cariño que recibió la banda tras anunciar su reunión. A través de escenarios en ciudades como Dublín, Manchester, São Paulo, Nueva York y Tokio, el documental construye un relato coral en el que cada fan tiene una historia que contar, una experiencia que compartir y una razón personal para explicar por qué el regreso de Oasis significó mucho más que una simple serie de conciertos.

Dirigido por Dylan Southern y Will Lovelace, y filmado durante la gira de reunión realizada en 2025, el largometraje nos permite ingresar a la intimidad de un proceso que parecía improbable. Desde los primeros ensayos hasta los momentos previos a volver a enfrentar estadios repletos, la producción retrata cómo Liam y Noel comienzan a reconstruir una relación marcada por años de desencuentros, retomando poco a poco esa química que convirtió a Oasis en una de las bandas más importantes de las últimas décadas. Aunque el documental gira en torno a la reunión del grupo, rápidamente queda claro que su verdadero tema es otro. La película habla sobre el significado que la música puede tener en la vida de las personas y cómo determinadas canciones terminan acompañando momentos fundamentales de nuestra existencia. En cada testimonio aparece una historia distinta, pero todas confluyen en una misma idea: las canciones de los británicos no solo marcaron una época, sino que también se transformaron en refugio, compañía y, para muchos, en una forma de sanación.

Sin necesidad de revelar detalles sobre las conversaciones que hicieron posible este reencuentro, la cinta deja entrever un mensaje universal sobre el perdón. No importa si se trata de un hermano, un amigo o un familiar, el documental recuerda que la vida resulta demasiado breve para cargar eternamente con las heridas del pasado. La reconciliación entre los Gallagher termina funcionando como una metáfora que trasciende a la banda y conecta con experiencias que cualquier espectador puede reconocer como propias. A lo largo del metraje conocemos relatos de seguidores provenientes de Manchester, Cardiff, Dublín, Buenos Aires, Brasil y hasta Tokio, lugares que probablemente los propios Gallagher jamás imaginaron alcanzar cuando comenzaron tocando en pequeños clubes de Inglaterra. Son historias que ayudan a dimensionar el alcance de una banda cuya música logró unir a personas de distintas edades, idiomas y culturas bajo un mismo sentimiento.

En ese recorrido, Noel Gallagher emerge como una figura particularmente emotiva. El principal compositor del grupo se muestra reflexivo y consciente del impacto que sus canciones han tenido en millones de personas, llegando incluso a emocionarse al enfrentarse a testimonios que reflejan la profundidad de ese vínculo. Al otro lado aparece Liam, el eterno rockstar, dueño de una personalidad tan auténtica como impredecible, alguien que nunca parece dispuesto a modificar su forma de ser y cuya presencia sigue siendo tan magnética e irrepetible como hace treinta años. Incluso Noel, entre bromas y sinceridad, termina describiéndolo como alguien “encantador”, una definición que probablemente pocos habrían esperado escuchar años atrás, pero que hoy con el perdón se entiende como un acto de cariño fraternal.

Oasis: Don’t Look Back in Anger no entrega todas las respuestas ni pretende aclarar cada capítulo de la historia entre los hermanos Gallagher. Lo que sí ofrece es una mirada honesta sobre el impacto que tuvo este regreso y sobre la importancia de las segundas oportunidades, tal como es la vida. Para quienes tuvieron la suerte de presenciar su presentación en Chile, la película también funciona como una cápsula del tiempo capaz de transportarlos de vuelta a aquella inolvidable noche del 19 de noviembre del 2025 en el Estadio Nacional, cuando miles de personas cantaron al unísono canciones que creían que jamás volverían a escuchar en vivo. El documental se estrena en las principales salas de cine de nuestro país hoy 10 de septiembre.