Interpol llega a Lollapalooza Chile: Iluminando el post-punk

Por Sebastián Allende.

En 1997, entre los barrios vibrantes y siempre cambiantes de Nueva York, cuatro jóvenes músicos comenzaron a tocar en pequeños bares del Lower East Side, sin imaginar que, años más tarde, su nombre figuraría entre las bandas más influyentes de su generación. Con Paul Banks en voz y guitarra, Daniel Kessler entrelazando guitarras filosas, Carlos Dengler trazando líneas de bajo profundas y Sam Fogarino marcando el pulso, Interpol daría a luz a un sonido oscuro y elegante que pronto se volvió sinónimo del revival post punk de los años 2000.

Tras los lanzamientos prematuros de los EPS Fukd ID #3 (2000), Precipitate (2001) e Interpol (2002), el punto de inflexión llegó en el 2002 con Turn On the Bright Lights, su álbum debut. Grabado con una combinación de angustia urbana y precisión casi obsesiva, el disco fue rápidamente celebrado por la crítica como uno de los lanzamientos más potentes del año. Guitarras afiladas, bajos obsesivos y letras crudas convertían a la ciudad en un personaje más. “Obstacle 1”, “NYC” y “PDA” se transformaron en himnos que escaparon de los clubes de Manhattan y resonaron en todo el mundo, definiendo un sonido que muchas bandas intentaron imitar, pero sin lograr capturar su espíritu.

Tras ese despegue, Interpol continuó expandiendo su universo sonoro con discos como Antics (2004), Our Love to Admire (2007), los que junto a trabajos posteriores como Interpol (2010) y El Pintor (2014), entre otros, ampliaron su paleta sin abandonar ese halo enigmático que los distingue y los mantiene caminando siempre entre la sombra y la melodía, construyeron una carrera sólida y respetada, manteniendo viva su influencia en distintas generaciones del rock alternativo.

Si hablamos de la relación de la banda con nuestro país, ésta está marcada por 8 noches memorables. El Teatro Caupolicán, recinto emblemático de Santiago, los ha recibido en 4 ocasiones desde el 2008 con funciones agotadas y audiencias que celebran cada acorde, especialmente cuando el repertorio revisa los elementales discos Turn On the Bright Lights y Antics, discos que para muchos se sienten como viejos amigos.

Lollapalooza Chile (en los años 2019 y 2022) también sería testigo de una de esas jornadas intensas, en donde el público quedó hipnotizado por un juego de guitarras exactas, colores sonoros sombríos y la voz inconfundible de Banks, en ocasiones en donde se dio el tiempo de hablar en español entre canciones, un gesto que profundizó aún más el vínculo con la audiencia local.

Ahora, la banda se prepara para regresar a Chile en marzo de 2026, pero esta vez con un retorno que promete ser especial. El 12 de marzo, en la antesala de Lollapalooza Chile 2026, la banda se presentará en el Teatro Caupolicán como parte de los tradicionales sideshows del festival, en donde se perfilan como una celebración íntima de su legado. Una oportunidad ideal para los fans para reencontrarse con esos acordes que han sido parte de sus bandas sonoras. Las entradas están disponibles en Punto Ticket.

Lollapalooza Chile 2026, programado para los días 13, 14 y 15 de marzo, volverá a instalarse en el Parque O’Higgins, el gran punto de encuentro donde confluyen generaciones y estilos musicales diversos y es en este lugar en donde la presencia de Interpol se integra a un cartel que combina artistas emergentes y nombres consolidados, transitando desde el rock alternativo hasta el pop, la electrónica y los sonidos urbanos, aguas turbulentas para muchos, pero tranquilas para los Neoyorquinos que ya han transitado en dos ocasiones por este festival. Si quieres verlos en la jornada del viernes 13 de marzo, puedes obtener las entradas a través de Ticketmaster.

Si algo ha demostrado Interpol a lo largo de casi tres décadas de historia es que su recorrido no se sostiene solo en la nostalgia, sino en una evolución constante, que de seguro para los fans nacionales, con esta nueva visita, en marco del festival Lollapalooza Chile 2026, será una nueva confirmación de ese lazo profundo que una a la banda y a una generación nunca dejó de escucharla entre la sombra y la melodía.

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