21 de abril 2026.
Por Ricardo Olivero.
Fotografías por Javier Martínez.
Santiago recibió anoche una dosis directa de los noventa con el regreso de Candlebox al país, en un show que no solo apeló a la nostalgia, sino que reafirmó la vigencia de una banda que, lejos de ser un recuerdo encapsulado en la era grunge, sigue sonando sólida, intensa y conectada con su público. Durante casi dos horas, el grupo liderado por Kevin Martin ofreció un recorrido consistente por su discografía, con un foco evidente en su álbum debut de 1993, ese mismo que los catapultó a la escena internacional y a la fama mundial.
La historia de Candlebox no ha sido sencilla; provenientes de Seattle, la cuna de los grandes exponentes de la era dorada del grunge, sufrieron en sus inicios el estigma de una etiqueta injusta: la de poseer un sonido más “blando” y comercial que sus pares. Aquel prejuicio quedó pulverizado tras el despliegue demoledor brindado anoche, que dejó entre atónitos y sordos a una audiencia que repletó el Teatro Coliseo, copando incluso las bandejas superiores para presenciar un espectáculo de altísimo nivel musical.
La previa comenzó con nostalgia pura. A través de los parlantes del teatro, se escuchó el audio de una vieja radio a transistores sintonizando distintos diales donde sonaron fragmentos de Nirvana, Pearl Jam y Alice in Chains, entre otros. Fue un gesto que combinó respeto e identidad, situando de forma clara las raíces de la banda antes de irrumpir en el escenario. El arranque fue inmediato y certero con “Arrow”, el corte que abre su disco homónimo, marcando el tono desde el primer minuto con guitarras filosas, una base rítmica firme y una interpretación vocal que dejó claro que Martin sigue en plena forma.
Kevin Martin, como frontman, es un punto alto indiscutido. Su presencia escénica combina experiencia, cercanía y una entrega que se siente honesta, sin poses forzadas ni discursos innecesarios. Entre canciones, se tomó el tiempo para interactuar con el público, agradecer la fidelidad y generar ese clima de complicidad que transforma un concierto en un rito compartido. En lo vocal, su rendimiento fue impecable, alcanzando registros altos con naturalidad y manejando los matices con oficio, sin caer en excesos.
El setlist tuvo un fuerte anclaje en el debut con temas como “Blossom”, “Cover Me” y “You”, recibidos con entusiasmo inmediato. Sin embargo, la banda no se limitó a repetir una fórmula: incluyeron canciones de diversas etapas, como “Elegante” y “Breathe Me In”, mostrando una evolución que no pierde su esencia. La interpretación de “Punks” funcionó como el puente perfecto hacia el festival Rock Out que se celebrará este sábado 25 de abril en el Estadio Santa Laura, sirviendo como una invitación enérgica para la jornada que reunirá a figuras como Bad Religion y 2 Minutos.
Uno de los momentos más destacados llegó a mitad del show con la aparición de invitados de peso. El destacado músico nacional Alain Johannes y el joven talento Taylor McCall se sumaron para una emotiva versión de “Hunger Strike”, el clásico de Temple of the Dog. Fue un instante cargado de simbolismo y respeto por el legado de Chris Cornell y Eddie Vedder, donde las voces se entrelazaron con precisión, generando un reconocimiento colectivo que difícilmente se repetirá en el corto plazo.
La cercanía con el fanático se selló con gestos memorables: durante “Breathe Me In”, Martin hizo firmar un póster por todos sus compañeros en pleno escenario para luego entregarlo a la audiencia. La interacción fue constante, desde la recepción de una bandera chilena hasta el lanzamiento de baquetas firmadas incluso al segundo piso. En medio de esa honestidad, Kevin no se guardó nada y confesó su desdén por Anthony Kiedis, vocalista de los Red Hot Chili Peppers, a quien tildó de arrogante, desatando risas y confirmando que la banda es tan real como su música.
La recta final mantuvo la intensidad con “Far Behind”, cargada de ese peso emocional que la convirtió en un himno, y un cierre potente que dejó al público completamente entregado. El paso de Candlebox por el Teatro Coliseo fue una demostración de oficio; sin grandes artificios visuales, el foco estuvo en las canciones y en la ejecución. La banda supo administrar los tiempos y construir un relato coherente para brindar uno de los mejores shows del año a la fecha. El rock de Seattle, en sus manos, no es una pieza de museo, sino un lenguaje vivo que sigue encontrando eco en una audiencia que no solo recuerda, sino que vibra con cada acorde.
Setlist:
Arrow
Simple Lessons
Punks
Change
Blossom
Believe in It
Don’t You
10,000 Horses
Sometimes
Breathe Me In (intro)
Breathe Me In
Hunger Strike
Supernova
Happy Pills
Cover Me
Riptide
It’s Alright
Elegante
He Calls Home
Far Behind
You
Rain

