Skrillex llega a Lollapalooza Chile: Los clásicos aún arden

Por Jaime Farfán.

El nombre de Skrillex no deja indiferente a nadie que haya vivido su adolescencia durante la década de 2010. Para toda una generación, su música fue la banda sonora de una era definida por bajos distorsionados, energía desbordada y una estética que transformó para siempre el rumbo de la música electrónica de masas. Por ello, su regreso a Lollapalooza Chile el próximo domingo 15 de marzo representa, ante todo, el reencuentro de una generación.

Multifacético y visionario, Sonny John Moore ya era una figura conocida dentro de la escena post-hardcore antes de volcarse a las bandejas. Como vocalista de From First to Last, lideró una etapa fundamental del circuito alternativo con álbumes como Dear Diary, My Teen Angst Has a Body Count y Heroine. Sin embargo, problemas vocales y el desgaste de las giras terminaron por impulsarlo hacia la búsqueda de un camino propio.

Ese nuevo rumbo lo encontró en internet y la autoproducción. MySpace fue la plataforma donde comenzó a compartir sus primeros demos, inicialmente bajo el nombre de Sonny Moore y explorando un sonido cercano al electropop. No obstante, hacia 2008 surgió algo distinto: un proyecto más agresivo y puramente digital. Así nació Skrillex.

En 2010 publicó My Name Is Skrillex como descarga gratuita. Con apenas 22 años, Moore presentó un EP que era un experimento desordenado y brillante a la vez: bass music, dubstep, glitches y melodías pegajosas colisionando entre sí. Poco después llegaría Scary Monsters and Nice Sprites, y el impacto fue inmediato. La música electrónica cambió de escala, los drops se volvieron protagonistas y Skrillex pasó de ser un productor emergente a convertirse en el rostro de una escena global.

Llegaron las giras mundiales, los premios Grammy y colaboraciones inesperadas. Produjo para Korn, se infiltró en la cultura pop televisiva, fundó el sello OWSLA y lanzó el icónico EP Bangarang en 2011. En paralelo, exploró nuevos terrenos: con Dog Blood (junto a Boys Noize) buscó un sonido de club más crudo, mientras que con Jack Ü (junto a Diplo) llevó la electrónica a territorios plenamente mainstream. Toda esa efervescencia quedó plasmada en Recess (2014), su primer álbum de estudio.

Chile fue testigo de esa explosión inicial. Su presentación en Lollapalooza 2015 se mantiene como uno de los shows electrónicos más recordados del festival: un set intenso y celebratorio que capturó el apogeo del dubstep con himnos como “First of the Year”.

Tras ese pico de exposición, vino un periodo de relativo silencio. Fueron años de bajo perfil y mucho trabajo en el estudio, colaborando y produciendo para otros artistas desde un segundo plano. Sin embargo, en 2023, el estruendo regresó.

El lanzamiento de “Rumble” junto a Fred again.. y Flowdan encendió nuevamente la mecha. No se trataba de un simple regreso, sino de una reinvención que dejaba de lado la nostalgia fácil. Ese mismo año, los álbumes Quest for Fire y Don’t Get Too Close revelaron a un productor más maduro, abierto a nuevas texturas y alejado de la caricatura que alguna vez lo persiguió.

Por esto, su retorno a Chile se siente diferente. No es solo un viaje al pasado; es el encuentro con uno de los productores más influyentes de los últimos quince años en su etapa creativa más renovada. El domingo en el Parque O´Higgins no será un show más de festival. Será el regreso de un artista que marcó a una generación y que, más de una década después, sigue demostrando que los clásicos no desaparecen: a veces, simplemente vuelven a arder.

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