Love the 90’s en Espacio Riesco: Protagonistas de la nostalgia

29 de marzo 2026.

Por Jaime Farfán.
Fotografías por Claudia Reyes.

Transcurrió poco tiempo desde que se anunció hasta que el cartel de “entradas agotadas” se volvió inevitable. El debut en Chile del festival español Love the 90’s —promocionado como el mayor evento dedicado a celebrar la cultura de aquella década— se perfilaba desde el inicio como una cita ineludible. El cartel, que presentaba un nutrido catálogo de artistas, era una sucesión ininterrumpida de hits. Y aunque técnicamente no se puede retroceder el reloj, el domingo pasado en Espacio Riesco, veinticinco mil fanáticos parecieron doblarle la mano a las leyes de la naturaleza: por cerca de cinco horas, volvieron a bailar como si tuvieran treinta años menos.

Love the 90’s lleva desde 2017 conquistando escenarios en España, y recientemente inició su expansión global con escalas en México y Argentina que también agotaron localidades. Detrás del fenómeno está la productora ShareMusic, una marca que se percibe más enfocada en crear experiencias memorables que simples conciertos; ese camino recorrido les ha permitido refinar una fórmula que funciona con la precisión de una máquina bien calibrada. Para esta ocasión, se intervino una de las explanadas de Espacio Riesco con un escenario imponente, coronado por pantallas que desplegaban una estética vibrante: referencias a videojuegos de 16 bits, tipografías de neón y gráficas que parecían extraídas de la era dorada de MTV.

Desde el inicio, una promesa flotaba en el aire: regresar a la mejor época. El encargado de conducir la versión chilena fue Daniel “Palomo” Valenzuela, quien, evocando sus días en Extra Jóvenes, mantuvo el espíritu encendido con una mezcla de humor y complicidad generacional que no necesitaba mayor explicación. Todos los presentes habíamos compartido los mismos hitos, triunfos y códigos. Sin embargo, cuando Daisy Dee (la voz icónica de Technotronic) subió a interpretar “Pump Up the Jam”, quedó claro que la música hablaba por sí sola y no hacía falta animar nada; bastaba con poner los clásicos a todo volumen. Si alguien aún dudaba, el dúo alemán La Bouche terminó de disipar cualquier reserva con “Be My Lover” y “Sweet Dreams”.

Lo que siguió fue una seguidilla casi implacable de momentos memorables. Una tormenta perfecta de eurodance armada a punta de himnos y one-hit wonders que conservan una fuerza inesperada: Ann Lee con “Two Times”, Corona con “Baby Baby” y “The Rhythm of the Night”, además de Mr. President, Haddaway con “What Is Love”, Jenny de Ace of Base y Alice DJ con “Better Off Alone”. Son canciones que no requieren presentación, porque basta que suenen los primeros compases para que el cuerpo reaccione antes que la cabeza.

En medio del frenesí, también hubo espacio para la reflexión disfrazada de fiesta. Desde el escenario lanzaron una frase que quedó suspendida entre la multitud: “Crecimos queriendo ser adultos, pero ahora queremos volver a ser niños”. Es difícil no detenerse en ese pensamiento. La nostalgia tiene algo de juego, pero también de trampa; es adictiva porque ofrece una versión dorada del pasado, un refugio donde todo parecía más simple frente a una realidad que hoy presiona con más fuerza de la que uno quisiera. “¡Arriba las manos quienes quieran ser jóvenes para siempre!”, gritaron más tarde, y miles respondieron sin dudar. En ese instante, más que una consigna, pareció una declaración colectiva. “Somos la mejor generación”, añadieron entre risas, y aunque la frase suene exagerada, en ese contexto de euforia nadie estaba dispuesto a discutirla.

Uno de los puntos más altos llegó con Proyecto Uno, que transformó el recinto en una fiesta total. “Latinos”, “Está pegao” y “El tiburón” sonaron con una energía que cruzó generaciones. El Palomo, entre bromas, llegó a presentar a este último tema como el primer “therian”, desatando carcajadas que terminaron mezclándose con un coro masivo. La producción no escatimó en recursos: fuegos artificiales, visuales intensas y un ritmo que no decayó nunca, todo diseñado para sostener la ilusión del viaje temporal.

El cierre emocional quedó en manos de Safri Duo. Tras más de veinte años desde su debut en Chile, los daneses demostraron que sus percusiones resuenan con una fuerza particular en estas latitudes. “Played-A-Live”, aquel himno que la memoria colectiva local vincula irremediablemente a Protagonistas de la Fama, nos transportó directo al inicio del milenio. Al año 2000. Por un momento cierro los ojos y vuelvo a tener doce años. Recuerdo a compañeros de colegio y una copia pirata del disco de la dupla de Dinamarca y una radio CD en el patio del colegio. El recreo duraba apenas quince minutos, pero en ese tiempo cabía el universo entero. Ahora, rodeado de miles de personas en Espacio Riesco, siento que todavía es posible estirarlo un poco más. Como si, por un instante, el tiempo realmente pudiera quedarse ahí.