31 de julio 2026.
Por Sebastián Allende.
Fotografías por Javier Martínez.
La fría noche de este viernes 31 de julio encontró en Sala Metrónomo un refugio inesperado. Mucho antes de que se apagaran las luces, el ambiente ya anticipaba una velada distinta: público conversando en voz baja, poleras de bandas, vasos en mano y la sensación compartida de que no se asistiría a un concierto convencional, sino a una experiencia íntima, construida desde las canciones y las emociones. Con las luces aún tenues y un silencio absoluto apoderándose del recinto, Shawn James apareció sobre el escenario para abrir la noche con “The Curse of the Fold”. La elección fue perfecta para introducir al público en su universo sonoro. Su voz áspera, profunda y llena de matices envolvió de inmediato Metrónomo, mientras la intensidad interpretativa de la canción marcaba el tono de una presentación donde la honestidad sería la gran protagonista.
La atmósfera continuó creciendo con “Burn the Witch”, una interpretación cargada de fuerza que confirmó la enorme capacidad del estadounidense para combinar el folk, el blues y el soul con una intensidad pocas veces vista sobre un escenario. Cada canción terminaba entre largas ovaciones, mientras el público respetaba los silencios con una atención casi religiosa. Uno de los aspectos más llamativos del concierto fue precisamente el ambiente que se generó durante toda la noche. No hubo grandes pantallas ni efectos visuales; bastó una iluminación cálida y un escenario sobrio para que la atención estuviera completamente centrada en la voz de Shawn James y en el peso emocional de cada composición.
La emotividad tomó protagonismo con “Flow” y “Orpheus”, dos canciones donde el músico dejó al descubierto toda su capacidad narrativa. En esos momentos, el tiempo pareció detenerse, con una Sala completamente inmóvil, escuchando cada palabra como si se tratara de una conversación íntima. Uno de los momentos más esperados llegó con “Through the Valley”. Los primeros acordes despertaron sonrisas y murmullos entre los asistentes, conscientes de la importancia que la canción adquirió gracias a The Last of Us. La interpretación fue sencilla, profundamente emotiva y terminó convirtiéndose en uno de los puntos más altos de la presentación.
La conexión continuó con “The Guardian (Ellie’s Song)”, que volvió a emocionar a los seguidores del universo creado por Naughty Dog, mientras “The Stone Cried Out” y “Pendulum Swing” reafirmaron la intensidad espiritual y emocional que caracteriza el repertorio del músico. El show también dejó espacio para reinterpretaciones memorables. “Ain’t No Sunshine”, de Bill Withers, y “That’s Life“, popularizada por Frank Sinatra, fueron llevadas completamente al universo de James, con arreglos cargados de blues y una interpretación vocal que arrancó algunas de las mayores ovaciones de la noche.
Tras más de una hora de canciones cargadas de melancolía, fuerza y honestidad, el estadounidense eligió despedirse con “Let Me Go”. Fue un cierre íntimo y emotivo, donde la sensibilidad de la composición terminó por resumir el espíritu de todo el concierto. Mientras los últimos acordes se apagaban, Sala Metrónomo respondió con una prolongada ovación, agradeciendo una presentación que nunca necesitó artificios para conmover.
Lo vivido en Sala Metrónomo fue mucho más que un concierto más. Shawn James construyó una experiencia cercana, donde cada canción encontró su espacio para emocionar y donde el silencio del público fue tan importante como los aplausos. Una noche que confirmó que, cuando las canciones son honestas y la interpretación nace desde las entrañas, no hace falta nada más para dejar una huella imborrable en una noche más de Santiago.
Setlist:
The Curse of the Fold
I Want More
Burn the Witch
Icarus
Orpheus
Flow
The Thief and the Moon
The Guardian (Ellie’s Song)
Through the Valley
Headed for the End
Peace of Mind
My Juliet
Tired of Trying
Burn
No Blood From a Stone
Haunted
The Devil’s Daughters
Muerte mi amor
Let Me Go

