Por Ignacia Gutiérrez.
Con dos décadas de trayectoria y más de 40 músicos que han pasado por sus filas desde su formación, The Ocean ha construido una identidad única dentro del metal contemporáneo. Este 2026, la agrupación alemana presentó Solaris, su undécimo álbum de estudio, una nueva pieza que se suma a una extensa discografía compuesta por discos en vivo, EP y trabajos conceptuales.
Fundada en Berlín por Robin Staps, la banda se ha distinguido por expandir los límites del post metal, incorporando influencias del sludge, metal progresivo y post-hardcore, además de elementos provenientes de la música clásica y sinfónica. El resultado es una propuesta sonora ambiciosa y en constante evolución, donde la experimentación convive con una potente carga conceptual.
A lo largo de su carrera, sus álbumes han explorado distintas etapas de la historia de la humanidad, así como fenómenos geográficos y científicos, entrelazando narrativa y composición en una experiencia inmersiva. Solaris continúa esa tradición, incluyendo piezas como “Ultima Esperanza”, una composición inspirada en la Patagonia chilena y que toma su nombre de la provincia ubicada en la Región de Magallanes.
Hablamos con Robin Staps sobre este nuevo capítulo para la banda, el presente de The Ocean, su proceso creativo y la manera en que las ideas conceptuales siguen guiando una de las propuestas más innovadoras del metal moderno.
Robin, tras la disolución de la formación de la era Holocene después del Hellfest 2025, mencionaste haber considerado publicar Solaris como un álbum instrumental. ¿En qué momento sentiste que esta nueva alineación internacional le devolvió el impulso vital al colectivo?
Bueno, básicamente lo tuve claro cuando se formó el nuevo grupo. Todo ocurrió en un período relativamente corto. Jordy, nuestro nuevo baterista, fue el primero en unirse. Eso sucedió un poco antes porque Paul, el antiguo baterista, ya no quería tocar en Hellfest. Necesitábamos a Jordy y teníamos una fecha límite muy concreta para resolverlo.
A través de ese proceso, todos los demás fueron encontrando su lugar. Después de Hellfest, originalmente planeaba tomarme un pequeño descanso, centrarme en otras cosas y darme tiempo con el nuevo disco. Sabía que quería grabarlo y publicarlo, ya que en ese momento estaba completamente escrito en su versión instrumental, pero no quería lanzarme directamente al estudio después de Hellfest.
Cuando conocí a Lane, Enrico y Marco durante un par de semanas en la primavera de 2025, todo adquirió una dinámica nueva, fresca y espontánea. Fue entonces cuando supe que esta banda volvería a tocar muy pronto y que seguiríamos trabajando en nueva música. Se sentía realmente emocionante.
Cuando tocamos en Hellfest, creo que fue un momento muy especial para todos nosotros. Fue una celebración del pasado, pero al mismo tiempo yo ya estaba pensando en el siguiente capítulo y en los próximos pasos. Todo ocurrió mucho más rápido de lo que habría imaginado, para ser sincero.
¿De qué manera la llegada de Lane Shi y su trasfondo en el post-hardcore, la música experimental y la performance transformaron la propuesta conceptual y la puesta en escena de The Ocean?
Bueno, la presencia escénica todavía está por verse, porque solo hemos tocado dos conciertos juntos, así que aún estamos al comienzo de este camino y estoy muy emocionado por descubrir adónde nos llevará. Lane es una fuerza de la naturaleza sobre el escenario y una intérprete muy intensa. Me encanta que también provenga del mundo de la actuación, no solo de la música, sino también del teatro y las artes escénicas. Es muy interesante ver cómo puede incorporar todo eso a la banda.
En cuanto al entorno creativo y al trabajo en el disco, fue un proceso lento de conocernos mutuamente. A veces era Enrico trabajando conmigo y, en otras ocasiones, Lane trabajando conmigo. Nunca estuvimos los tres juntos en el estudio, principalmente por problemas de agenda. Lane viaja mucho y Enrico también estaba muy ocupado. Siempre pasaban un par de semanas entre cada sesión de grabación y, entonces, Enrico reaccionaba a lo que Lane había grabado, y viceversa. Fuimos construyendo el álbum poco a poco y, durante todo ese proceso, también nos fuimos conociendo dentro del estudio.
Cuando llevas diez o quince años tocando con las mismas personas, terminas desarrollando ciertas rutinas. No siempre son buenas, pero muchas veces sí lo son. Por eso siento que esto fue como empezar de cero. Con esta nueva formación no nos conocíamos realmente y solo teníamos una idea general de hacia dónde iba el disco. No podría estar más feliz con el resultado. Fue un proceso experimental precioso, del que todos nos sentimos muy orgullosos.
Me entusiasma comenzar a tocar este disco en directo y llevarlo de gira.
Como fundador de la banda, hoy lideras un equipo integrado por músicos de seis países diferentes. ¿Cómo influyó esta diversidad geográfica y cultural en el proceso creativo desarrollado en Berlín?
Actualmente, casi todos estamos radicados en Berlín. Matthias, nuestro bajista, que forma parte de la banda desde 2015, siempre ha vivido en Estocolmo, así que estamos acostumbrados a trabajar sin ensayos regulares. No somos una banda que se reúna cada semana para ensayar; siempre hemos trabajado en función de proyectos. Cuando tenemos una gira, por ejemplo, nos reunimos una o dos semanas antes para preparar el repertorio y trabajar en los detalles.
Pero lo que realmente nos une es Berlín. La mayoría vivimos aquí, excepto Matthias, como mencioné, y Manu, que vive en Francia. Y eso ya representa un avance respecto al pasado, cuando todos estábamos repartidos por distintos lugares. Ahora, al menos, podemos reunirnos y ensayar con cierta frecuencia.
En realidad, en Berlín es difícil encontrar a un berlinés. Es una ciudad muy cosmopolita, llena de personas provenientes de todas partes del mundo, con muchos expatriados y gente que, en algún momento de su vida, llegó aquí y decidió quedarse. Yo mismo soy uno de ellos.
Creo que es difícil encontrar una banda berlinesa compuesta únicamente por berlineses, simplemente porque esa no es la naturaleza de la ciudad. Por lo general, se trata de personas de distintos lugares que, en algún momento de sus vidas, llegaron a Berlín y terminaron quedándose.
En el álbum contrapesas la obra cinematográfica de Andréi Tarkovski con los diarios de navegantes históricos como Magallanes, Drake y Vasco da Gama. ¿Cómo abordaste en tus letras la dimensión oscura de la exploración y la crítica al impulso colonizador?
Bueno, escribir letras siempre es así. Para mí es la parte más difícil de hacer un disco, porque hay muchos elementos que deben encajar. Obviamente, está primero el lado conceptual y el significado de las palabras, pero también tienen que sonar bien. Está el aspecto de la rima, el ritmo y la melodía. Escribir líneas vocales y letras siempre representa un gran desafío. Así que dedicamos más tiempo a eso que a cualquier otra cosa, realmente. Al mismo tiempo, este álbum fue una página en blanco en ese aspecto durante el año pasado. Solo existía en formato instrumental. Las preproducciones de las canciones ya existían desde 2021, pero eran completamente instrumentales. Todas las voces y todas las letras se escribieron el año pasado.
Irónicamente, el título provisional del disco ya era Solaris. Me encanta esa película y siempre quise hacer una obra musical que se apoyara en ella de alguna manera. Ese fue simplemente el punto de partida cuando empecé a trabajar en el proyecto. Después vino toda una sucesión de acontecimientos que se fueron desarrollando durante el proceso creativo. Desde el principio no tenía en mente que este álbum se conectara con Holocene. De hecho, solo me di cuenta de ello cuando empecé a trabajar en las letras. Solaris se trataba más del viaje que del destino en sí: del planeta, de Solaris, del océano o de lo que sea que represente.
Entonces quedó claro que ese viaje era el punto de conexión con Holocene: una visión distópica de una Tierra agotada e inhabitable, que un grupo de humanos decide abandonar para embarcarse en una travesía hacia lo desconocido. Creo que no debería intentarse entender el álbum como la banda sonora de Solaris. No sigue la cronología de la película. Sí aborda algunos de sus temas y toma numerosas citas de los subtítulos y diálogos, que terminaron formando parte de las letras, pero no fue concebido como una adaptación musical. Básicamente, las dos narrativas que se entrelazan son, por un lado, la película y, por otro, una historia de exploración: la de los viajeros terrestres y los exploradores. También es una reflexión sobre la exploración histórica, sus motivaciones y las circunstancias que impulsaron esos viajes.
Leí muchos diarios y relatos de viaje de exploradores históricos, y encontré paralelismos muy interesantes con la manera en que nos sentimos como artistas hoy en día. Nosotros también nos consideramos exploradores. Queremos superar límites y descubrir cosas nuevas. Uno de los aspectos más interesantes sobre los que empecé a reflexionar mientras escribía las letras fue que la exploración y el arte suelen verse como algo valioso, algo que celebramos y de lo que nos sentimos orgullosos. Sin embargo, cuando observas las exploraciones históricas, a menudo descubres que no terminaron especialmente bien. Muchas veces acabaron con grupos de europeos imponiendo sus valores a otras culturas y a otros lugares del mundo.
E incluso cuando esos viajes comenzaban con intenciones aparentemente positivas, sus consecuencias terminaban siendo desastrosas. Entonces surge la pregunta: ¿es realmente tan inocente y noble este impulso de explorar y descubrir como solemos pensar, incluso en el ámbito artístico? Esas fueron algunas de las interrogantes que aparecieron durante el proceso. Las narrativas de Solaris, contadas como un viaje en una embarcación histórica, comenzaron a entrelazarse de forma natural mientras trabajábamos en las canciones. El resultado final es este disco.
En cuanto al proceso creativo, suele ser bastante caótico. No tengo una plantilla o un método específico que siga paso a paso. Aunque al final todo parece encajar, no siempre responde a una lógica lineal. A veces aparece primero la pieza final y, más adelante, empiezas a conectar los elementos y a dar sentido a lo que has escrito. Para mí, la escritura de letras suele ser un proceso muy intuitivo, pero también tiene algo de arquitectónico: consiste en ir construyendo estructuras, superponiendo piezas y encontrando la manera de que todo termine encajando.
La canción que abre el disco utiliza las coordenadas geográficas de su sala de ensayo en Berlín. ¿Qué rol juega este enclave urbano como punto de anclaje para ti y para el colectivo?
Fue el punto de partida de este viaje que decidimos emprender juntos como exploradores. Esas coordenadas representan, básicamente, el lugar donde comenzó todo. Empezamos a trabajar en el disco con esta nueva formación el año pasado, por lo que esas coordenadas están directamente ligadas a nuestra historia más reciente.
A lo largo de la discografía de la banda has explorado la paleontología, la geología, la filosofía y la ciencia ficción. Mirando en perspectiva desde Precambrian hasta Solaris, ¿cómo ha evolucionado tu mirada sobre la relación entre la humanidad y su entorno?
Siempre ha sido un tema en constante desarrollo y lo hemos abordado desde distintos ángulos y enfoques a lo largo de los años. Cuando escribí Precambrian, quería profundizar en mi conexión con la historia de la Tierra. Me di cuenta de que, de alguna manera, estos paisajes prehistóricos y arcaicos parecían una representación visual muy adecuada para la música que estábamos creando en aquel momento. Siempre me han interesado la historia de la Tierra y la paleontología, así que tenía mucho sentido explorar esos conceptos.
Nunca imaginé que terminaríamos haciendo tres discos en torno a esas temáticas. Eso fue algo que ocurrió de forma natural con el paso de los años. Las cosas que tomo como punto de partida para escribir letras suelen ser temas que despiertan mi curiosidad y me interesan profundamente. A veces encajan perfectamente en el contexto de nuestra música y, en otras ocasiones, simplemente no funcionan.
Ha sido un proceso de evolución constante. Precambrian acaba de cumplir veinte años y, naturalmente, yo también era otra persona hace dos décadas. Tanto la banda como yo hemos cambiado mucho desde entonces. Hemos vivido experiencias que nos han moldeado y transformado a lo largo del camino. Probablemente no haría un disco como Precambrian en 2026, pero, al mismo tiempo, sigo identificándome con aquella etapa, con la persona que era entonces, con mis motivaciones, mis miedos y mis sueños.
Siempre es interesante mirar hacia atrás y observar registros u obras de arte, porque terminan convirtiéndose en testimonios de su tiempo. Llevan consigo una marca temporal que los hace únicos. Y también ocurre con los oyentes. Hay muchas personas que mantienen una relación muy emocional con algún disco específico de nuestro catálogo porque lo descubrieron en un momento particular de sus vidas, quizá mientras atravesaban una etapa difícil. A menudo nos cuentan que nuestra música les ayudó a salir adelante. Es algo muy personal y, al mismo tiempo, muy gratificante.
Con más de dos décadas en la ruta y tras haber sido inmortalizados en la ciencia con el fósil Ophiacantha oceani, ¿qué mantiene encendida tu motivación para seguir explorando nuevos límites sonoros en cada trabajo?
Lo más hermoso que tengo en mi vida es escribir música y tocarla. Disfruto enormemente tanto del proceso de composición y grabación como de salir de gira. Son dos facetas que siempre me han apasionado, aunque también pueden ser agotadoras. Si solo hicieras una de ellas, probablemente terminarías sintiendo la necesidad de hacer algo distinto. En mi caso, ambas se complementan perfectamente. Cuando regresas de una gira, cansado de viajar y de despertar cada noche en una ciudad diferente, vuelves a casa sabiendo que te espera el estudio. Y cuando llevas demasiado tiempo sentado frente a una consola o trabajando en nuevas canciones, empiezas a extrañar la energía de los conciertos y las giras.
¿Cuándo los veremos nuevamente en nuestro país?
Espero que el próximo año. Actualmente estamos evaluando distintas opciones para realizar una gira por Sudamérica durante la primera mitad del año. Todavía no hay nada confirmado, pero parece bastante probable que Chile forme parte de nuestros próximos destinos. Ha pasado demasiado tiempo desde nuestra visita de 2022. Tuvimos una gira fantástica y vivimos momentos realmente inolvidables en Chile, pasando la Nochebuena en Punta Arenas y recorriendo luego Torres del Paine. Tengo recuerdos muy especiales de ese viaje.
Estoy realmente emocionado por regresar.

