Por Ricardo Olivero.
El 31 de octubre Santiago se llena de disfraces, y esa misma noche miles de personas entrarán al Estadio Nacional a cantar sobre el número de la bestia. La coincidencia con Halloween es demasiado buena para dejarla pasar. Iron Maiden se presentará ese día y regresará el 1 de noviembre, ya que una sola función no bastó para responder a la enorme demanda. La apertura estará a cargo de Mammoth —el proyecto de Wolfgang Van Halen— y de los chilenos Nuclear, agrupación de thrash nacida en Arica, radicada en Santiago y con una vasta trayectoria nacional e internacional en su haber. Toda una antesala potente y encendida para una jornada que promete clásicos y pura nostalgia.
Lo particular del tour Run For Your Lives es que la banda se impuso una regla estricta: celebran cincuenta años de historia interpretando exclusivamente material de sus primeros nueve álbumes, desde el homónimo Iron Maiden (1980) hasta Fear of the Dark (1992). Quedan fuera las producciones de las últimas décadas, incluida Senjutsu (2021), convirtiendo la gira en un viaje con principio y fin definidos. Durante las presentaciones de 2025 el repertorio se mantuvo sumamente estable, y en el tramo de 2026 solo hubo una modificación sustancial: «Infinite Dreams» tomó el lugar de «The Clairvoyant». ¿Habrá más sorpresas? Es incierto, pues con «La Doncella de Hierro» nunca se sabe; de lo que sí hay certeza es de que nos espera un espectáculo arrollador que ya pisa suelo sudamericano y se encuentra a escasos días de exorcizar demonios en el coloso de Ñuñoa.
Dado que el repertorio definitivo puede variar entre una jornada y otra, esto no pretende ser un pronóstico infalible. Sin embargo, nos aventuramos a destacar siete composiciones esenciales que ilustran con precisión el recorrido del grupo: la furia fundacional, el salto definitivo junto a Bruce Dickinson, la madurez ambiciosa de los años ochenta y un reencuentro que mantiene en vilo a la vieja guardia.
1. Phantom of the Opera — Iron Maiden (1980)
Con este tema, el debut discográfico dejó en claro que Maiden no sería un nombre cualquiera dentro de la Nueva Ola del Heavy Metal Británico (NWOBHM). Supera los siete minutos de duración, encadena constantes cambios de compás y exhibe un duelo de guitarras electrizante. En su registro original contó con la voz del recordado Paul Di’Anno; hoy la interpreta Bruce Dickinson, y ese contraste enriquece la experiencia actual. Para quien descubrió la pieza en vinilo, se siente más cercana a una reliquia personal que a un simple tema de repertorio.
2. Killers — Killers (1981)
El segundo trabajo de estudio despidió a Di’Anno y dio la bienvenida a Adrian Smith. En consecuencia, su corte principal inmortaliza a un conjunto mutando de piel sobre la marcha. Guarda una atmósfera callejera y vertiginosa cuya urgencia cobra especial valor en un estadio, pues evoca la etapa en que debían batallar cada metro de tarima. Figura entre las piezas más directas del catálogo y su permanencia en escena se celebra con creces.
3. The Number of the Beast — The Number of the Beast (1982)
Aquí radica el punto de inflexión. Significó el estreno discográfico de Dickinson al frente del micrófono y trepó hasta la cima de los ránkings británicos, consolidando la transición de promesa emergente a fenómeno de masas. El mítico alarido de apertura, el riff universal y un coro entonado al unísono dan pie a instantes donde el recinto completo vibra a una sola voz. Oírla un 31 de octubre representa una afortunada coincidencia para la fanaticada local: ningún conjuro quedará guardado esa noche.
4. Powerslave — Powerslave (1984)
Nacida de la inventiva de Dickinson, relata el ocaso de un faraón confrontado con su propia condición mortal. De allí brotó la estética egipcia que marcó la carátula, el concepto del álbum y el World Slavery Tour, recordado entre los periplos más imponentes de la época. En directo, la composición exige un despliegue vocal teatral e incansable por parte de Bruce, constituyendo una prueba fehaciente de por qué su timbre sigue siendo el sello distintivo de la banda.
5. Rime of the Ancient Mariner — Powerslave (1984)
Con más de trece minutos de desarrollo, es la entrega más colosal del listado. Steve Harris adaptó los versos firmados por Samuel Taylor Coleridge en 1798 para articular una travesía marítima cargada de calmas tensas, tempestades y redención. En una industria dominada por sencillos radiales breves, semejante despliegue resultaba desafiante. En recintos multitudinarios genera el efecto inverso: impone silencio, pausa el frenesí y cautiva la atención, dotando a la presentación de un carácter de obra integral más allá del desfile de éxitos.
6. Infinite Dreams — Seventh Son of a Seventh Son (1988)
La gran revelación del periplo. Ausente de las tablas desde 1988, reapareció sorpresivamente durante la apertura del segmento de 2026 en Atenas, tras treinta y ocho años en pausa. Para quienes atesoraron el lanzamiento original, simboliza un rescate inesperado; para las nuevas generaciones, la oportunidad ineludible de presenciar en vivo la faceta más introspectiva, melancólica y progresiva del sexteto. De mantenerse fija, figurará entre los pasajes culminantes de la velada.
7. Fear of the Dark — Fear of the Dark (1992)
En suelo nacional, este himno cobra dimensiones incomparables. Arranca en calma, estalla con las guitarras gemelas y culmina con las tribunas adueñándose de las melodías vocales ante unos músicos que contemplan la postal. Si bien marca el límite cronológico abarcado por la gira, no clausura la velada (sitial reservado para «Wasted Years» durante el tramo anterior). Con todo, representa el momento cumbre donde el fanático chileno se adueña del protagonismo, tal como quedó registrado en los registros audiovisuales oficiales editados por la banda, dando cuenta de la intensidad y mística que caracterizan a la audiencia local.
Siete composiciones, siete etapas y una crónica unificada. De la aspereza inicial al esplendor conceptual, el montaje invita a mirar hacia atrás para comprender cómo esta formación se erigió en pilar indiscutido del género. El despliegue contemplará una escenografía de gran envergadura, las apariciones de Eddie y una novedad crucial tras los parches: la incorporación de Simon Dawson en sustitución de Nicko McBrain, tras el retiro de las giras anunciado por este último hacia fines de 2024.
Resta aguardar ambas citas —31 de octubre y 1 de noviembre— para contrastar estas líneas con el veredicto del escenario. En plena recta final del tramo latinoamericano y con cinco décadas de legado a cuestas, nadie saldrá a cumplir por compromiso. Cuando rujan los primeros acordes, la disposición exacta de los temas pasará a segundo plano: después de todo, se trata de Iron Maiden, leyenda viva del metal, y lo que acontezca sobre el césped quedará grabado a fuego en la memoria de una afición lista para rendirse una vez más ante la Doncella.


