Por Jaime Farfán.
Ya será el cuarto año del festival en Ciudad Empresarial y, tras subir notoriamente la apuesta, con nombres cada vez más grandes, escenarios ambiciosos y propuestas musicales de vanguardia, parece haber llegado el momento ideal para dar el paso definitivo y regresar al formato de tres días. Estamos hablando de Fauna Primavera, el encuentro musical que cada noviembre emerge como la principal opción para los melómanos de sensibilidad alternativa. Y este año se viene con todo: desde el indie rock de toda la vida, pasando por el post-rock más descarnado y un pop inquieto y desafiante, hasta la electrónica hipnótica y nocturna.
Cada vez que regresamos al Fauna, nos reencontramos con un tiempo dorado que aún vive en algún blog perdido en los rincones de internet o en una revista mohosa, abandonada entre carátulas de CD rotos y cortavientos neón. Pero esa nostalgia no pertenece a una sola época: la selección de este año invita a recorrer varias décadas de historia musical. The Strokes, Tricky y Johnny Marr no solo representan algunos de los nombres más importantes de sus respectivas escenas, sino también distintas formas de concebir la música y de plantarse frente al mundo. Y pese al paso de los años, esa actitud sigue sintiéndose necesaria.
Claro, no podemos vivir solo del pasado. A veces hay que tomarlo y romperlo en mil piezas para hacer, sentir y escuchar cosas nuevas y distintas. Y en eso de apostar por quienes se atreven a desafiar las reglas, Fauna ya lleva más de una década. Ahí está FKA Twigs, maravillosa, corporal y vulnerable hasta la médula. O sorpresas tan inesperadas como fascinantes, como Godspeed You! Black Emperor, quienes cubrirán Ciudad Empresarial con sus guitarras ásperas y paisajes apocalípticos (cada vez dolorosamente más familiares). Y desde otro universo llegan los beats vaporosos de Yung Lean, que sigue encontrando una vida propia mucho más allá de Tumblr.
Aunque la verdadera joya del cartel llegó con un nombre inesperado. Fauna Primavera nunca le ha hecho asco al baile; es más, desde aquella mítica Pool Party de 2011, siempre ha dejado un ratito para mover el cuerpo. Este año se lucieron con nada más y nada menos que Underworld, uno de los nombres más pesados de la euforia rave británica de los noventa. Con la banda sonora de esas madrugadas que se resisten a terminar, Karl Hyde y Rick Smith regresan a Chile después de trece años. Y para coronar un sábado de sintetizadores implacables, también llega New Order, con un legado musical indiscutible y Bernard Sumner al frente, encargado de mantener viva una magia que lleva más de cuatro décadas haciendo bailar a generaciones enteras. Y, por supuesto, tampoco podían faltar los favoritos de la casa: Hot Chip, encargados de cerrar la primera jornada del festival.
El ruido más inquieto no siempre viene de afuera. La escena chilena llega con los dientes más afilados que nunca, con Pánico a la cabeza y esa irreverencia que parece resistirse al paso del tiempo. Asia Menor y Hesse Kassel representan una nueva camada con hambre de llevar sus guitarras hacia terrenos cada vez más impredecibles, mientras La Ciencia Simple invita a perderse entre sus paisajes instrumentales expansivos. Y en su propio rincón aparece Javiera Electra, con un universo tan singular como difícil de encasillar. No siempre hay que mirar hacia afuera para encontrar algo que valga la pena escuchar.
En tiempos en que la vida parece frenética y el futuro, por momentos, se ve bastante sombrío, cuesta encontrar un espacio para reencontrarse con la música y los artistas que nos formaron, nos dieron sentido y nos enseñaron una manera de mirar el mundo. Hasta que un día, mientras haces la cola del supermercado, suena Little Talks de Of Monsters and Men, y el peso de los años te pilla mal parado, haciendo brotar emociones que creías olvidadas. Quizás ahí esté la verdadera gracia de Fauna Primavera: no solo reencontrarnos con la música que alguna vez nos definió, sino también descubrir aquella que todavía no sabemos cuánto llegará a significar para nosotros. Otra canción, otro tesoro, otro recuerdo masticado entre las muelas, esperando diez años para pillarnos desprevenidos entre los pasillos del súper.


