Los Fabulosos Cadillacs, Fishbone y Chico Trujillo en Santander Arena: 3 formas de entender la libertad

29 de octubre 2026.

Por Sebastián Allende.
Fotografías por Camilo González.

La noche de este jueves 29 de octubre tuvo todos los ingredientes que convierten a un concierto en algo más que una sucesión de canciones. Fue una jornada marcada por el mestizaje musical, la energía compartida y la certeza de que algunos repertorios siguen encontrando nuevas formas de conectar con distintas generaciones. En un cartel tan diverso como coherente, Chico Trujillo, Fishbone y Los Fabulosos Cadillacs transformaron el Santander Arena en un espacio donde la fiesta, el ritmo y la resistencia cultural convivieron durante varias horas.

En una noche que prometía mucho color y baile, para comenzar subiría al escenario Chico Trujillo, quienes no necesitaron tiempo para entrar en confianza y encender el Arena. Desde los primeros acordes quedó claro que su misión era convertir el recinto en una celebración colectiva, de esas donde resulta imposible permanecer inmóvil gracias a canciones como “Cariñito” y “Conductor”, entre otras. La agrupación liderada por Aldo “Macha” Asenjo volvió a demostrar por qué se ha convertido en uno de los proyectos más importantes de la cumbia chilena contemporánea. Más allá del baile, existe en su música una actitud heredera del rock independiente, de la cultura popular y de una forma muy latinoamericana de entender la fiesta como punto de encuentro, y la gente lo agradece y lo demuestra conectando de principio a fin con el repertorio desplegado.

Sonaron “Así es que vivo yo (Sigue la fiesta)”, “La Escoba” y “Loca”, entre otras canciones que fueron construyendo una atmósfera vibrante, donde el público respondió sin reservas y se entregó por completo a la celebración. Con una banda sólida, ajustada y un sonido que permite que cada integrante tenga su momento para destacar, la banda se dio además el lujo de invitar al escenario a Álvaro Henríquez, elevando aún más la energía de una presentación que dejó en claro que su propuesta mantiene intacta la fuerza y vigencia de siempre.

Otro de los momentos más destacados de la noche fue la participación de Joselo Osses, quien sorprendió con una versión íntima y emotiva de “Herida”, el clásico popularizado por la cantante chilena Myriam Hernández. Fue un instante de pausa en medio de la fiesta, cargado de nostalgia y emoción, en el que más de alguno revivió historias de amor y desamor, recuerdos imborrables y esas noches que, por una u otra razón, permanecen para siempre en la memoria. En una noche multicolor, Chico Trujillo instaló su propio universo, defendió su identidad y recordó que la música popular puede ser festiva, irreverente y profundamente auténtica al mismo tiempo.

Con el ambiente encendido por la descarga festiva de Chico Trujillo, llegó el turno de Fishbone, una de las bandas más influyentes e inclasificables de la música alternativa estadounidense. Formados en Los Ángeles en 1979, la agrupación nació de la unión de un grupo de jóvenes músicos afroamericanos que encontraron en el ska, el punk, el funk, el soul y el rock un lenguaje propio. Mientras gran parte de la escena musical se movía dentro de categorías claramente definidas, ellos optaron por derribarlas. Su propuesta se convirtió en una referencia para generaciones posteriores, influyendo a bandas como No Doubt, Sublime, Red Hot Chili Peppers y The Mighty Mighty Bosstones.

Liderados por el incombustible Angelo Moore, Fishbone sigue siendo una experiencia escénica difícil de comparar con cualquier otra. Más que un concierto, lo suyo es una descarga de adrenalina permanente. Desde el primer minuto quedó claro que la agrupación no venía únicamente a cumplir el papel de número intermedio. Con una mezcla explosiva de metales, líneas de bajo contagiosas y una intensidad casi punk, el conjunto construyó un espectáculo donde la improvisación y la energía fueron protagonistas. “Simon Says” y “Skanking” encendieron los fuegos desde el primer minuto, presentando a un Angelo Moore en estado puro: inquieto, carismático y dueño de una energía escénica que parece inalterable pese a más de cuatro décadas de trayectoria de la banda.

Luego llegaron “Cubicle”, “A Selection”, “Ma & Pa”, “Give It Up”, “R.P.O.S.” y “Party”, golpeando al público con esa fórmula inconfundible que ha convertido a Fishbone en una banda única: la capacidad de transitar, en cuestión de segundos, desde un groove irresistible y bailable hacia una descarga hardcore explosiva. Fue gratificante comprobar que esa libertad creativa sigue siendo el sello distintivo del grupo y una de las principales razones por las que su propuesta continúa vigente. Aunque hoy presentan una formación más compacta, la actitud, la intensidad y el espíritu desafiante permanecen intactos.

Para el cierre, “Everyday Sunshine” y “Sunless Saturday” pusieron el broche de oro a una presentación tan enérgica como contundente, dejando en claro que Fishbone sigue siendo una fuerza creativa difícil de igualar sobre los escenarios y que funcionó como el puente perfecto entre la celebración popular de Chico Trujillo y el esperado cierre a cargo de Los Fabulosos Cadillacs. En una noche donde los estilos parecían dialogar entre sí, el conjunto aportó la dosis exacta de irreverencia, virtuosismo y desobediencia sonora que ha definido toda su trayectoria.

Tras un breve descanso y la puesta en marcha de los instrumentos del combo argentino, la aparición de Los Fabulosos Cadillacs fue recibida como corresponde a una banda que forma parte del ADN musical latinoamericano. Tras la breve introducción instrumental de “SRF Astral”, la fiesta comenzó de inmediato con “El Genio del Dub”, dando el puntapié inicial a una presentación que confirmó que LFC sigue funcionando como una maquinaria perfectamente aceitada. Con precisión, energía y una química intacta entre sus integrantes, la banda fue construyendo un recorrido por distintas etapas de su extensa carrera, repasando canciones que no solo han marcado a varias generaciones, sino que ya forman parte de la historia grande de la música latinoamericana.

“Mi novia se cayó en un pozo ciego”, “Manuel Santillán, el León”, “Carmela”, “La Vida” y “Demasiada Presión” fueron marcando el pulso de una noche construida sobre esa mezcla irrepetible de ska, reggae, punk, rock y ritmos latinoamericanos que Los Cadillacs han perfeccionado a lo largo de los años. Cada canción fue recibida con entusiasmo por un público que respondió de inmediato a clásicos que han trascendido generaciones y fronteras. La sucesión de himnos dejó en evidencia que las buenas canciones no tienen fecha de vencimiento. Lejos de sonar como piezas ancladas al pasado, estas composiciones mantienen intacta su fuerza, su capacidad de convocatoria y su vigencia, transformando al Santander Arena en una celebración colectiva donde la memoria, la emoción y la energía del presente se encontraron en un mismo lugar.

“C.J.” aportó una necesaria pausa en medio de la intensidad de la noche, mientras que “Calaveras y Diablitos” desató una de las postales más emotivas del concierto, con miles de voces acompañando cada verso. Luego llegaron “Piazzolla”, evocando el espíritu creativo y arriesgado del extraordinario álbum Fabulosos Calavera, junto a “Los Condenaditos”, “Padre Nuestro” y “V Centenario”, entre otras piezas que confirmaron la riqueza y profundidad del repertorio de la banda. En una noche marcada por canciones hechas para celebrar, cantar y compartir, uno de los momentos más emotivos llegó con “Siguiendo la Luna”. Desde los primeros acordes, el Santander Arena se transformó en un gigantesco coro, con miles de personas acompañando cada verso y apropiándose de una canción que, con el paso del tiempo, se ha convertido en uno de los himnos más queridos del repertorio de la banda.

La interpretación trascendió lo musical para convertirse en una experiencia colectiva, donde escenario y público parecieron fundirse en una sola voz. Fue uno de esos instantes que justifican por sí solos la asistencia a un concierto: una comunión perfecta entre artista y audiencia, cargada de emoción, nostalgia y celebración. La intensidad regresó rápidamente con “Mal Bicho”, una canción que, más de dos décadas después de su lanzamiento, sigue conservando toda su fuerza y vigencia. Con ella, Los Cadillacs recordaron que, además de la fiesta y el baile, su propuesta también ha estado marcada por una mirada crítica sobre la realidad social y política, un rasgo que continúa resonando con fuerza entre sus seguidores.

Y entonces llegó ese tramo final que, por sí solo, justifica la asistencia a cualquier concierto de la banda. “Matador”, convertida desde hace años en un himno latinoamericano, desató la explosión definitiva de energía de la noche. El Santander Arena saltó, cantó y celebró cada palabra, mientras la conexión entre escenario y público alcanzaba uno de sus puntos más altos de toda la velada. Sin dar respiro, aparecieron “Vasos Vacíos” y “Yo No Me Sentaría en Tu Mesa”, con Flavio en el micrófono y el regreso del Vainilla a la guitarra, dos clásicos que terminaron por sellar una presentación memorable. Entre la nostalgia, la euforia y el sentido de pertenencia que despierta el repertorio de la banda, el cierre dejó la sensación de haber asistido no solo a un concierto, sino a una celebración de la historia musical y emocional que LFC han construido junto a varias generaciones de seguidores.

Este jueves fue una noche en la que tres historias distintas y tres formas de entender la música se encontraron bajo una misma convicción: las canciones siguen teniendo la capacidad de reunir personas, derribar barreras, borrar diferencias y construir comunidad. Desde la energía festiva de Chico Trujillo, pasando por la irreverencia inclasificable de Fishbone, hasta la trayectoria monumental de Los Fabulosos Cadillacs, cada presentación aportó una mirada distinta, pero complementaria, sobre el poder de la música para conectar a las personas. En tiempos donde muchas veces la música se consume de manera rápida, individual y fragmentada, conciertos como este recuerdan el valor irreemplazable de la experiencia en vivo. El cuerpo que baila, la voz que se suma a un coro colectivo, el recuerdo que aparece inesperadamente con una melodía conocida y la emoción compartida entre miles de desconocidos siguen siendo experiencias imposibles de replicar fuera de un escenario.

Porque, al final, la música es también una forma de libertad. Libertad para expresarse, para emocionarse, para recordar, para cuestionar y para celebrar. Libertad para encontrarse con otros desde las diferencias y descubrir que, durante unas horas, una canción puede convertirse en un lenguaje común. Lo vivido en esta jornada fue precisamente eso: una celebración de la música como espacio de encuentro, identidad y libertad, donde los tres artistas y el público compartieron algo cada vez más escaso y valioso en estos tiempos: la posibilidad de sentirse parte de una misma comunidad.

Setlist Fishbone:
Simon Says
Skanking
Cubicle
A Selection
Ma & Pa
Give it up
RPOS
Party
Everyday Sunshine
Sunless Saturday

Setlist Los Fabulosos Cadillacs:
Intro SRF Astral
El genio del dub
Mi novia se cayó en un pozo ciego
Manuel Santillán, el León
Carmela
La vida
Demasiada presión
C.J.
Calaveras y diablitos
Piazzolla
Los condenaditos
Padre nuestro
V centenario
Contrabando de amor
Saco azul
Siguiendo la luna
Carnaval toda la vida
Mal bicho
El satánico Dr. Cadillac
Matador
Vasos vacíos
Yo no me sentaría en tu mesa