3 de noviembre 2026.
Por María Jesús Aguilar.
Fotografía por Fauna Prod.
De Starbucks a llenar el Teatro Caupolicán, a miles de kilómetros de casa. En este noviembre lluvioso, recibimos por segunda vez en Chile a la británica Jorja Smith, quien, en el marco de su gira por Sudamérica, volvió a conquistar a la audiencia local. Son las 20:15 y arranca la jornada. La encargada de abrir la velada es Celeste Shaw, cantante y compositora chilena nacida en Inglaterra, pero criada en nuestro territorio. Una compatriota de la artista estelar que nos introduce en las texturas del neo soul y el new house, mediante una propuesta sonora que dialoga a la perfección con la estética y la vibra de Smith.
Con líricas frescas y un sonido que transita entre la melodía y el rap, Celeste despliega sus dotes sobre las tablas. Aunque comparte que sus inicios estuvieron ligados al rol de corista, esta noche somos nosotros —el público convocado para ver a Jorja— quienes terminamos coreando sus temas, gratamente sorprendidos por su soltura y dominio escénico. Dejamos atrás las fronteras locales y nos disponemos a viajar, al menos durante un par de horas, rumbo a Europa. Es una vivencia largamente esperada. En la platea se respira la expectación acumulada de una fanaticada que, tras doce meses de reprogramación, finalmente concreta el anhelado encuentro con la cantautora inglesa.
Dan las 21:00 y creemos estar listos para la cita. Toca aguardar unos minutos más hasta que, a las 21:15, sobreviene el apagón general. Suenan sirenas de patrulla y el recinto se tiñe de un azul profundo. Respaldada por su banda, irrumpe Jorja Smith y, entre gritos ensordecedores y ovaciones, hace vibrar el Caupolicán. Resuenan los primeros acordes de «Blue Lights», la pieza que la catapultó a la escena internacional: una obra cargada de franqueza, vivencias, postura política y crítica social. Su relato, si bien retrata un entorno distante de nuestra geografía, no resulta ajeno en lo absoluto. Aquel sencillo nacido y viralizado en SoundCloud hoy retumba con fuerza a través de su inconfundible timbre.
A lo largo del recital, la emoción se apodera de ella. Sonríe constantemente y agradece la calidez de la audiencia chilena, valorando el afecto brindado y el rol determinante de sus seguidores en su trayectoria hasta consagrarse en la figura actual. Continuamos sumergidos en la nostalgia para enlazar con otro hito de su álbum Lost & Found: «Teenage Fantasy». Aquí, la intérprete desmenuza la idealización del romance adolescente, la intensidad visceral de los primeros vínculos afectivos y ese amor juvenil que rara vez encuentra correspondencia. Smith sostiene una energía impecable, impulsada por un auditorio que corea cada verso de principio a fin.
El concierto avanza por diversos pasajes de su catálogo, cada uno arropado por un diseño lumínico milimétrico cuyas tonalidades nos sitúan dentro del universo de cada composición. Más adelante, Jorja presenta a sus músicos, cuyo virtuosismo propicia una transición hacia un clima notablemente más íntimo. Pasamos del soul alternativo de «Where Did I Go?» a la confesional «Greatest Gift», corte que, según revela Smith, compuso para sí misma a modo de tributo por haber superado múltiples adversidades. Bajo líneas como «You never give in», la cantautora deja entrever su resiliencia y desnuda un costado sumamente vulnerable.
Tras recorrer este tramo introspectivo, sobreviene el quiebre de dinámicas. Jorja anuncia que llegó la hora de moverse y da paso a un nuevo bloque protagonizado por las composiciones de su trabajo discográfico más reciente, What Are the Odds. Entre ellas destaca «Dancing», pista que desata el baile colectivo en cada rincón del recinto. Con un pulso marcadamente electrónico, Smith vuelve a ratificar su versatilidad artística. Presenciamos una destreza técnica que parece modular sin esfuerzo entre notas, deslizándose con tersura envolvente. Su registro vocal oficia nuevamente de columna vertebral del concierto, sumergiéndonos en su espacio acústico y revalidando los motivos de su magnetismo.
El formato acústico retoma el protagonismo y, aunque el calendario marca 3 de noviembre, Jorja logra transportarnos a «February 3rd». Basta que detalle las coordenadas de la canción para descifrar de inmediato el título. Previo a interpretarla, comparte un dato curioso y poco difundido: el rótulo responde sencillamente al día en que fue escrita. Dicho detalle evidencia una naturalidad despojada de artificios, en contraste directo con la densidad temática de sus letras. Smith disecciona la búsqueda de identidad y el desprendimiento afectivo desde el prisma de una joven que, con apenas veinte años entonces, comenzaba a forjar su senda en la industria.
La velada prosigue con la honestidad de «Broken Is the Man» y continúa con el arrastre de «The One», respaldada por una propuesta visual rica en matices que renueva la atmósfera. La intensidad vuelve a escalar para ingresar a un tramo festivo en el que «Come Over» termina de encender los ánimos. El Caupolicán permanece en pie, entregado al ritmo y a la presencia magnética de una intérprete que tiene al recinto a sus pies.
Luego de dos horas de curvas emocionales y contrastes sonoros, nos aproximamos al desenlace. Irrumpen los cortes más enérgicos del repertorio, encabezados por «Little Things», «On My Mind» y «Be Honest». Para entonces, todo pudor ha quedado atrás: la multitud baila sin reservas por la pista, contagiada del dinamismo que Jorja sostuvo durante la cita. Las percusiones punzantes y las bases electrónicas de tinte house invitan a no detenerse, como si el cansancio no tuviese cabida en esta fiesta.
La cantante se despide agradeciendo la calurosa respuesta del público, aunque es evidente que la historia aún no termina. Tras unos breves instantes de penumbra, regresa a escena para obsequiarnos dos de sus piezas más despojadas: «Tomorrow» y «Watch Me Cry». Es el broche de oro para refrendar su monumental capacidad interpretativa y técnica vocal. Luces tenues y una atmósfera minimalista acompañan el epílogo de la velada.
Culmina así una jornada en la que una figura de solo 29 años revalida su arraigo en un territorio que, tras recibirla en dos ocasiones, sin duda la esperará con los brazos abiertos. Probablemente su próxima visita sea en un aforo aún mayor y bajo un concepto escénico renovado, pero con la certeza de que conservará lo esencial: su identidad, su sensibilidad y ese don innato para dialogar con quienes la escuchan.
Setlist:
Blue Lights
Teenage Fantasy
Addicted
Feelings
Where Did I Go?
Greatest Gift
Try Me
For Life
Alive
I Lied, You Lied
Dancing
Falling or Flying
Burn
February 3rd (acústica)
The One
Come Over
This City
What’s Done Is Done
Little Things
On My Mind
Be Honest
Tomorrow (acústica)
Don’t Watch Me Cry

