1 de abril 2026.
Por Pablo Álvarez.
Fotografías por Matías Schwartz.
En una gira inédita por diversas regiones del país, los escoceses de Travis eligieron Santiago para coronar su regreso a Chile. Con un Teatro Coliseo a máxima capacidad, la jornada comenzó con el show de apertura de We Are The Grand. En poco más de 30 minutos, la banda nacional desplegó un pop-rock de tintes indie con notable elegancia. Repasaron su repertorio, conectaron con la audiencia e incluso promocionaron sus próximos proyectos, logrando una presentación contundente que les valió una ovación cerrada de un público que, aunque ajeno, se rindió ante su calidad.
Con puntualidad británica, las luces del recinto se apagaron a las 21:00 horas exactas para recibir al cuarteto de Glasgow. Andy Dunlop, Fran Healy, Dougie Payne y Neil Primrose agradecieron brevemente los aplausos antes de tomar sus posiciones raudamente. Ataviados en tonos oscuros, iniciaron el recorrido con “Bus” (L.A. Times, 2024). Bajo un imponente círculo de luz roja intensa, como un atardecer eterno, le cantaron a la idea del viaje colectivo en busca de algo mejor, una metáfora perfecta de lo que significa un concierto. La ovación fue inmediata y, sin dar tregua, Travis desenfundó los primeros clásicos: “Driftwood”, del superventas The Man Who (1999), puso a cantar a todo el recinto de la calle Nataniel Cox con su melancólica crítica a quienes van a la deriva. Tras un pequeño traspié de Healy en la entrada —resuelto con humor—, “Love Will Come Through” hizo que el respetable siguiera fielmente cada movimiento del frontman, mientras Dunlop aportaba matices al piano y Payne derrochaba carisma con la audiencia. De vuelta a lo más reciente, Fran enseñó el coro de “Alive” al público, un recordatorio luminoso de no dejarse atrapar por las nimiedades del día a día.
“Esta es una canción muy antigua. Perdón, mi español es terrible, así que hablaré en escocés”, bromeó Healy siempre en inglés. Entre risas, consultó a Andy Dunlop si estaba nervioso por su solo de piano antes de arrancar con “Good Feeling”, una balada cargada de swing y la “suciedad” necesaria para exorcizar vínculos insatisfactorios. Sin pausas, llegó “Writing to Reach You”, con sus célebres acordes inspirados en “Wonderwall” y ese guiño directo a Oasis, funcionando como el himno ideal para quebrar la desconexión de una relación. Uno de los momentos más profundos ocurrió cuando la banda hizo una pausa para reflexionar. Fran manifestó que al grupo nunca lo han movido los ránkings, sino la pasión; así introdujo “Re-Offender” (12 Memories, 2003), una de sus piezas más icónicas y dolorosas, que aborda la violencia doméstica que vivió su madre. “Es sobre estar atrapado en una relación donde alguien te golpea y tú permaneces ahí”, explicó, antes de desatar un karaoke catártico con el coro “You say you love me, and then you do it again”.
El ánimo se transformó con una tríada de megahits optimistas: “Side” tiñó el teatro de verde e invitó a aceptar la vida con sus claroscuros; “Closer” fue un tributo emotivo a los seres queridos que ya no están en este plano; y “Sing” se convirtió en un refugio emocional donde todos, teléfono en mano, corearon al unísono. Del optimismo pasaron al sarcasmo de “Selfish Jean”, que transformó el teatro en una pista de baile gracias a su pulso rítmico heredero de Iggy Pop. En “Gaslight” (2024), Healy aprovechó de refrescar a las primeras filas con un ventilador para sobrevivir al calor sofocante del recinto. La noche también guardó tesoros: “Indefinitely”, una rareza en esta gira, regaló uno de los momentos más emotivos, seguida por la enérgica “Turn”, donde Dougie Payne tomó el protagonismo en la segunda estrofa ante el delirio de los fans e incluso un beso cómplice de Dunlop.
Al regreso del encore, Healy se confesó: “No sé aquí, pero estoy aburrido de ese puñado de hombres que arruinan el mundo… deberían hacerles un test de narcisismo”. Con ese espíritu crítico interpretó ”The Beautiful Occupation”, su potente canción protesta y antiguerra. Otro punto alto de sensibilidad se dio con “As You Are”, dedicada a la salud mental masculina y la importancia de la vulnerabilidad: “Muchos hombres jóvenes se están suicidando porque no son capaces de hablar. Esta va por nosotros”, sentenció antes de un solo magistral de guitarra. En el tramo final continuaron las sorpresas, primero con una inusual versión a banda completa de la romántica “Flowers in the Window” y luego con la dulzura de “My Eyes”, pieza que no había sido considerada en las anteriores fechas del tour. “Llegamos a su hermoso país hace dos semanas y ha sido increíble. Tocamos por todo Chile y nos hemos sentido en casa. Volveremos”, prometió Healy antes del gran cierre con “Why Does It Always Rain On Me?”. El himno a la mala suerte dejó a todo el público saltando y a un cuarteto visiblemente agradecido tras su cuarta presentación en solo ocho días.
Travis es una anomalía exquisita del post-britpop. Desde su ascenso a fines de los 90 se han mantenido unidos, sin cambios de integrantes y en constante creación. En el escenario irradian una camaradería genuina; se sonríen, se apoyan y mantienen una calidez que traspasa la música. Sin embargo, su amabilidad no debe confundirse con liviandad. Los escoceses son mucho más que melodías bonitas; son cronistas de la complejidad humana, desde la violencia intrafamiliar hasta las vicisitudes de la guerra. Probablemente en el futuro incluso hablen de Chile en sus canciones, porque este tour no solo fue una serie de conciertos, sino la reafirmación de un lazo indestructible entre el cuarteto de Glasgow y esta faja de tierra.
Setlist:
Bus
Driftwood
Love Will Come Through
Alive
Good Feeling
Writing to Reach You
Re-Offender
Side
Closer
Sing
Selfish Jean
Gaslight
Indefinitely
Turn
Beautiful Occupation
As You Are
Flowers in the Window
Why Does It Always Rain On Me?

