Tata Barahona y Nano Stern con Troubadores en el Teatro Nescafé: Un diálogo íntimo entre la cuerda y el relato

16 de abril.

Por Anely Bahamondes.
Fotografías por Isidora Prado.

Este 16 de abril, el Teatro Nescafé de las Artes se despojó de artificios para transformarse en un refugio dedicado a la palabra y la melodía. Con un sold out absoluto y una expectación que vibraba en el aire antes de que las luces se desvanecieran, fuimos testigos del inicio de una gira largamente esperada. Nano Stern y Tata Barahona, dos figuras cuyos caminos parecen haber sido trazados por la música para converger, dieron el puntapié inicial a su tour “Troubadores”. Esta travesía musical, que recorrerá ciudades como Viña del Mar, Talca, Concepción, Temuco y Valdivia, no es solo una serie de conciertos, sino una defensa apasionada del oficio de contar historias a través de las cuerdas y la voz.

La experiencia comenzó quebrando cualquier esquema tradicional. Lejos de las presentaciones formales, la mística se apoderó del recinto cuando Nano y Tata aparecieron desde la parte baja de la platea. Caminando al ritmo de flautas y tambores acústicos, el sonido comenzó a envolver a los asistentes desde atrás, generando una conexión emocional inmediata. Ver a estos dos artistas celebrando una amistad de años a través del “trovar” nos recordó que la música posee una función social y humana que trasciende el mero espectáculo; su entrada fue, en esencia, un ritual de cercanía.

Una vez instalados frente a sus micrófonos, la complicidad se volvió el eje central. “Troubadores” plantea una dinámica donde el diálogo y la improvisación son los pilares fundamentales. En un momento que desató risas espontáneas, los músicos decidieron quién abriría los fuegos mediante un “cachipún” frente a toda la audiencia. El azar dictó sentencia: la piedra de Tata sucumbió ante el papel de Nano. Así, Stern inició la ronda con una interpretación íntima de “Aún creo en la belleza”, tema que da nombre a su último álbum. La delicadeza de los arreglos y la profundidad de su lírica prepararon el terreno para una noche de matices.

Tata Barahona, poseedor de una voz inigualable que parece brotar de la misma tierra, respondió al reto con “Recordé”, de su disco Guitarra. En este punto, la velada comenzó a entrelazar sus universos creativos de forma orgánica. No solo intercambiaron voces, sino que incorporaron instrumentos poco habituales que dotaron al show de un aire de música celta y folklore ancestral. Las guitarras se fundieron con flautas y percusiones, transportándonos a paisajes sonoros que evocaban la calidez de una conversación privada en el living de una casa.

La estructura del show permitió que el público fuera un protagonista activo. Los artistas jugaron con conceptos sugeridos por la audiencia, haciendo gala de una agilidad creativa envidiable. Fue así como surgió la idea de “Casa”, concepto elegido por los fanáticos presentes. A partir de esa premisa, Tata deleitó a los presentes con “Dueña de Casa”, mientras Nano aportaba texturas con su guitarra que elevaron la intensidad de la pieza. Este ejercicio de “trovar” tiene un trasfondo etimológico que ellos mismos explicaron: la palabra proviene del occitano trobar, que significa tanto “encontrar” como “componer”. Esa dualidad fue el espíritu que guio toda la presentación.

La noche también reservó un espacio para el respeto y el homenaje a los referentes que han pavimentado el camino. Un momento especial fue dedicado a Magdalena Matthey, a través de un juego a dos voces con guiños a la escritura arcaica y sonidos que parecían rescatados de tiempos inmemoriales. Nano y Tata demostraron que su arte no es una moda pasajera, sino un eslabón en la milenaria cadena de los contadores de historias. Entre canción y canción, el humor y las anécdotas sirvieron para alivianar la carga emocional de un repertorio profundamente reflexivo.

El recorrido por sus temas personales continuó elevando la temperatura del teatro. Stern emocionó con una vibrante ejecución de “Mil 500 vueltas”, mientras que Barahona reafirmó por qué es una de las voces más queridas de la trova actual. La unión de sus voces en los temas conjuntos generó una armonía perfecta, donde el vigor interpretativo de Nano se equilibraba con la sabiduría y la calma del fraseo del Tata. El público, sumido en un silencio reverencial que solo se interrumpía para aplaudir con fervor, agradeció cada destello de improvisación.

Al cierre de la jornada, quedó claro que “Troubadores” es una experiencia necesaria para los tiempos que corren. Lo vivido fue un diálogo genuino entre dos músicos que entienden el arte como un puente hacia el otro. Santiago fue solo el punto de partida de este viaje que ahora se despliega por Chile, llevando consigo la capacidad de narrar, observar y compartir desde la fibra más humana de la canción de autor nacional.