Megadeth en Movistar Arena: El ritual de una hermandad incombustible

5 de mayo 2026.

Por Ricardo Olivero.
Fotografías por Francisco Aguilar A.

Anoche, Santiago fue testigo de la segunda fecha de Megadeth en nuestro país, en el marco de su gira latinoamericana. Con dos presentaciones completamente agotadas, la agrupación reafirmó su estatus como una de las bandas más queridas y respetadas por la comunidad metalera nacional y sudamericana. No es una afirmación azarosa: ver banderas de Uruguay, Bolivia y Perú entrelazarse con el público chileno en un mosh desenfrenado demuestra que esto no fue “un concierto más”. Fue una reafirmación de un vínculo histórico y de esa conexión casi ritual que la banda de Dave Mustaine ha construido con sus seguidores durante décadas.

Lo que en teoría se perfilaba como parte de un ciclo de despedida, terminó convirtiéndose en una declaración de continuidad. El propio Mustaine anunció sobre el escenario que volverán y la reacción fue la esperable: una mezcla de incredulidad, euforia y carcajada cómplice. Aquí no hay quejas; todos los asistentes desean seguir siendo arrastrados por ese “tornado de almas” al ritmo de los riffs del “Colorado”.

Esta fue la decimoquinta visita de la banda a Chile. Un número que no solo impresiona, sino que evidencia una relación profundamente arraigada. Desde su debut hace 32 años, Megadeth ha cultivado aquí una de sus audiencias más fieles del planeta. No es chauvinismo: es un hecho que se siente en cada coro y en cada riff gritado como propio, especialmente cuando el público toma el protagonismo para vitorear el clásico “Olé, olé, olé, olé, Mustaine, Mustaine”, demostrando devoción absoluta hacia un maestro de ceremonias que no se cansa de batallar.

Si hay una figura que encarna esta persistencia es Mustaine. Su historia no ha sido lineal. Tras ser expulsado de Metallica en condiciones míticas —entre resaca y furia—, transformó ese golpe en el combustible creativo necesario para fundar una de las bandas de thrash metal más influyentes de la historia. A esto se suman años recientes especialmente duros, marcados por una artritis severa y un cáncer de garganta que logró superar. Aun así, anoche estaba allí, sosteniendo el peso de su legado con una mezcla de técnica, actitud y una resiliencia que trasciende lo musical.

Más allá del análisis técnico, ver a Mustaine hoy es observar a alguien que se niega a ceder ante el paso del tiempo. Puede que su voz no tenga la agresividad de antaño o que ciertos tiempos se ajusten a la realidad física de sus integrantes, pero la esencia sigue intacta y la calidad musical es, incluso, superior. Mantener ese nivel tras cuatro décadas no es un logro menor.

Claro, siempre existirá la sombra de la formación clásica (Mustaine, Ellefson, Menza y Friedman) que para muchos representa la cumbre de la banda. No es casualidad, pues con ellos Megadeth visitó Chile en sus primeras tres citas clave (1993, 1994 y 1998), incluyendo el recordado Monsters of Rock junto a Ozzy Osbourne, Alice Cooper y Faith No More. Sin embargo, quedarse atrapado en la nostalgia sería injusto. Mustaine ha sabido reformular su alineación una y otra vez; la formación actual, con su precisión quirúrgica y energía controlada, demuestra que la banda es una entidad activa y no un simple recuerdo glorioso.

Pero los encargados de prender los ánimos por segunda noche consecutiva, fueron los nacionales de Cabrio, banda formada el 2016 que con su potente metal con thrash fueron los honrados con comenzar a desatar el infierno qué a esa hora ya tenía un gran marco de público en el Movistar. Cabrio de la mano de sus dos placas Devotion and hate y su más reciente trabajo Blueprint of god, han sabido ganarse un lugar en la escena nacional, mostrando un poderío y energía inusitada en vivo qué no dejo a nadie indiferente, sobre todo con el público que recién se familiarizaba con su trabajo. Temas como “2021” o “Hidden under the ice” marcaron un excelente despliegue de la banda que se ganó más de un fans en la jornada de ayer.

Recordar que la banda el año pasado, estreno su single “Drowning in my own fears” qué contó con la colaboración de nada más y nada menos, Anneke Van Giersbergen, potenciando a la agrupación con potencial exportador de metal nacional.

La segunda noche comenzó como una bofetada: “Tipping Point” sacudió al Movistar Arena, seguida inmediatamente por una “Hangar 18” que hizo que el recinto prácticamente se viniera abajo, confirmando que estábamos ante una jornada histórica. El show también ofreció sorpresas en el setlist. Hubo ausencias notorias como “In My Darkest Hour” o “Wake Up Dead”, marcando un quiebre respecto a presentaciones previas. En su lugar, aparecieron piezas con un peso específico dentro del catálogo: “Trust”, “Hook in Mouth”, “Poison Was the Cure” y “Countdown to Extinction” fueron recibidas con entusiasmo. Quien asistió a ambas noches salió ganando, pero quien solo fue a esta segunda vuelta obtuvo un plato fuerte de una banda que parece capaz de tocar 24 horas seguidas si se lo propone.

Si el desarrollo fue sólido, el cierre fue demoledor. Una seguidilla de himnos funcionó como descarga de energía pura: bengalas, pogos desatados y un mosh que convirtió la cancha en un torbellino. “Tornado of Souls” abrió el tramo final con su mezcla de virtuosismo y melancolía, seguida por una “Symphony of Destruction” donde la banda cedió el protagonismo al canto masivo de la gente. Luego vino “Peace Sells”, coreada de principio a fin, antes del golpe definitivo con “Holy Wars… The Punishment Due”. Fue un cierre a la altura de su historia: intenso, técnico y emocionalmente cargado; de esos que dejan la sensación de haber presenciado una ceremonia donde pasado y presente conviven en armonía.

Megadeth en Chile es mucho más que una banda en vivo. Es una relación que ha resistido cambios de formación, crisis personales y modas. Anoche quedó claro que esta historia está lejos de terminar. Aunque alguna vez pensamos en una despedida, Mustaine se encargó de recordarnos que el final sigue postergándose. Y quizás sea mejor así: hay historias que no necesitan un cierre, solo seguir escribiéndose riff tras riff. Es un lujo seguir viendo a esta institución del Big Four. Si alguien se sintió “engañado” por el anuncio de despedida, fue un dulce engaño que nos permite soñar con nuevas líneas sobre sus futuras visitas. ¡Te queremos, colorado! ¡Aguante Megadeth!

Setlist:
Tipping Point
Hangar 18
Hook in Mouth
Sweating Bullets
Angry Again
I Don’t Care
Dread and the Fugitive Mind
Poison Was the Cure
Play Video
Countdown to Extinction
Trust
This Was My Life
Let There Be Shred
Tornado of Souls
Symphony of Destruction
Peace Sells
Encore:
Holy Wars… The Punishment Due