22 de octubre 2026.
Por Ricardo Olivero.
Fotografías por Javier Martínez.
El ska nació en Jamaica durante la primera mitad de los años sesenta, alimentado por el rhythm and blues estadounidense, el mento y las tradiciones locales. Fue uno de los cimientos sobre los que germinaron el rocksteady y el reggae, pero su trayectoria no se detuvo en Kingston: viajó con la migración antillana a Inglaterra y halló nuevos adeptos en la juventud obrera británica. Los primeros skinheads conformaron una escena multirracial profundamente ligada a los sonidos negros caribeños, mucho antes de que sectores de extrema derecha intentaran apropiarse de esa estética. Más de seis décadas después, aquel pulso originado en una isla se escucha en prácticamente cualquier rincón del planeta. Anoche, en el Teatro Coliseo, esa historia volvió a desplegarse frente a nuestros ojos.
Fue una verdadera celebración con dos invitados habituales de la casa. Por un lado, los históricos The Skatalites, pioneros indiscutidos del género, quienes ya son visita recurrente en el país y garantizan siempre una convocatoria masiva. Por otro, Juantxo Skalari —mítico líder de Skalariak— junto a La Rude Band, encabezando su gira 2026 para presentar su álbum más reciente, El tiempo perdido. Juntos aseguraban una velada de resistencia y baile: dos pilares que han permitido al ska derribar barreras generacionales y geográficas.
La jornada arrancó con talento nacional de regiones. Pulso Gaiano, agrupación oriunda de Concepción, abrió la noche con un rock skatalítico impecable que puso en movimiento a quienes llegaron temprano al recinto. Apoyados en melodías directas y un mensaje social comprometido, articularon con acierto los códigos esenciales del estilo y conectaron de inmediato tanto con los recién llegados como con sus seguidores fieles. Cortes como «Ruta clandestina» y «Bajo la lupa» ratificaron la vigencia de la escena regional chilena y ofrecieron el despegue perfecto para la extensa sesión que apenas comenzaba.
The Skatalites no precisan mayores credenciales respecto a los orígenes del estilo. Integraron el núcleo fundacional de la música popular en Kingston y reunieron a instrumentistas de sesión cruciales en una isla que inventaba una novedosa forma de mover los cuerpos. Fueron la base instrumental que grabó con leyendas como Bob Marley, Peter Tosh, Bunny Wailer, Toots and The Maytals, Jimmy Cliff y Alton Ellis. Lo vivido anoche trascendió la visita protocolar de un conjunto veterano: fue un encuentro directo con una raíz plenamente viva.
Dentro del elenco, destacó la imponente figura del bajista Val Douglas. Al ingresar al escenario en silla de ruedas, su sola presencia evocó décadas de historia musical, avalado por colaboraciones en estudio y en vivo junto a Bob Marley and The Wailers o Lee «Scratch» Perry. Desde las frecuencias graves demostró que el ska no descansa únicamente en la velocidad de los bronces o el contratiempo de la guitarra: en el fondo siempre late un bajo que empuja, estructura e impele al baile. The Skatalites actuaron con la soltura de quienes carecen de deudas pendientes. Su repertorio viaja en el tiempo sin sonar a pieza de archivo; las orquestaciones retienen el vigor instrumental, el balance sincopado y esa conjunción de rigor y soltura aparente que preserva al ska como una experiencia física y no un mero ejercicio de nostalgia. La respuesta del público evidenció que, más allá de la distancia geográfica entre Kingston y Santiago, el compás se comprende de manera universal.
Uno de los momentos cumbres llegó con la invitación a Álvaro Henríquez. El cabecilla de Los Tres ya registraba un antecedente con The Skatalites gracias a la versión en clave sincopada de «Un amor violento», fruto de un vínculo con el percusionista Larry McDonald que unió dos mundos a priori distantes. Oír la pieza interpretada por Henríquez junto a leyendas originarias del ska destiló una mezcla de asombro y emoción colectiva. Por unos instantes, la composición mutó de clásico del rock chileno a himno caribeño de pulso jamaiquino. La audiencia captó el guiño al unísono y coreó cada verso a voz en cuello por todo el Coliseo, como si ambas corrientes llevaran décadas hermanadas.
El cambio de posta hacia Juantxo Skalari & La Rude Band transformó la atmósfera de inmediato. Si The Skatalites encarnan el tronco fundacional, Juantxo personifica las ramas que florecieron fuera del Caribe y proyectaron el ska con identidad regional propia. Su ruta comenzó en los noventa al frente de Skalariak, cruzando el pulso jamaiquino con el empuje del punk en una propuesta que trascendió el País Vasco. Continuó después mediante The Kluba y consolidó este tramo con La Rude Band, forjando una alianza estrecha con Latinoamérica y con una masa que asumió sus letras como manifiestos de vida antes que simples invitaciones a la pista.
Esa complicidad se palpó en el recinto. Pese a contar con una trayectoria solista sólida, los himnos de Skalariak detonan un fenómeno aparte: se desprenden del autor y pasan a manos del público. «Despídeme» fue una de las más ovacionadas. «Skalari Rude Klub» convirtió la platea en un torbellino de brazos alzados que unificó a skinheads y punks en un solo pogo, mientras que «Sólo vivir» ratificó cómo ciertas obras trascienden la vida de sus creadores para transformarse en estandartes generacionales.
Hubo también espacio para repasar el catálogo de El tiempo perdido, destacando «Sarrera X.2» y «Tiempo que perdí», además del ya clásico «Rudi Not Dead». Todo el bloque estuvo atravesado por su histórica postura política antifascista y antirracista: una línea ideológica firme que el cantante sostiene sin titubeos frente a las injusticias globales. El magnetismo de la velada residió en ese intercambio cultural y cronológico: un intérprete navarro nutrido por Jamaica, una orquesta caribeña que atravesó continentes, una audiencia santiaguina entregada y un repertorio que transitó de Kingston a Pamplona y de ahí a Santiago con absoluta fluidez. El ska ostenta la virtud de acortar distancias geográficas; tras su aparente sencillez compositiva subyacen procesos migratorios, cruces identitarios, calle y memoria obrera.
Por ello, la cumbre emotiva ocurrió cuando Juantxo invitó a la sección de vientos de The Skatalites a sumarse para una sesión conjunta de improvisación (jamming). Dos épocas y dos corrientes estilísticas confluyeron bajo la mística compartida del 2 Tone, poniendo a saltar a la totalidad del Teatro Coliseo. En tiempos dominados por la inmediatez algorítmica, atestiguar una sala colmada celebrando una tradición creada hace más de sesenta años cobra un cariz rebelde. El ska no precisa de consignas explícitas para justificarse: su sola persistencia constata que las expresiones populares ignoran aduanas. Aquello que partió en Kingston cruzó a Gran Bretaña, fue moldeado por la clase trabajadora, colisionó con el punk y se expandió por el orbe. Juantxo Skalari comprendió ese engranaje hace décadas y lo enarboló como proyecto vital.
El cierre dejó el sabor de un festejo total combinado con una lección viva de historia sonora, exenta de dogmas. The Skatalites marcaron el origen; Juantxo demostró los alcances del viaje. En el centro, un público que prescindió de intérpretes para vibrar con la propuesta. Desde las primeras notas de los metales hasta los coros finales de Skalariak, el Coliseo funcionó como un territorio sin fronteras.
El ska nació en Jamaica, pero dejó de pertenecerle en exclusiva hace mucho tiempo. Anoche, Santiago lo ratificó con creces: tras más de medio siglo, ese compás continúa mutando, viajando y encontrando cuerpos dispuestos al trance del salto. Lejos de quedar como una pieza estática de museo, sigue cumpliendo la misión para la que fue creado: conmover y poner en marcha a la multitud.
Setlist The Skatalites:
Freedom Sounds
Musical Store Room
Dance Away
Ska Train
El Pussycat
Simmer Down
Un amor violento (versión de Los Tres, con Álvaro Henríquez)
Skalloween
Latin Goes Ska
Addis Ababa
Guns of Navarone
Bridge View
Freedom Sounds (Reprise)
Setlist Juantxo Skalari & La Rude Band:
Sarrera X.2
Tiempo que perdí
A buen ritmo
Estoy de revuelta
En silencio
Contigo estaré bien
Insumisa
Skalari Rude Klub
JAIA
Despídeme
Siglo XXI
Por todo lo bajo
Esta es mi vida
Phoenix City
Sólo vivir
Rudi Not Dead

