25 de octubre 2026.
Por Ricardo Olivero.
Fotografías por Javier Martínez.
Treinta y tres años después de su fundación en Tampa, Florida —una de las cunas del death metal mundial—, Six Feet Under pisó por fin un escenario chileno. Fue anoche en el Teatro Cariola, en un debut que el grupo ya había intentado concretar en nuestro país y que para muchos parecía una de esas deudas eternas del metal en Chile.
Al frente estaba Chris Barnes, la voz de los primeros y más fundamentales discos de Cannibal Corpse, quien fundó Six Feet Under en 1993 como proyecto paralelo y lo convirtió en su prioridad definitiva al dejar a los de Buffalo en 1995. Ese mismo año salió Haunted, y desde entonces la agrupación ha trascendido con una discografía extensa y de recepción dividida, pero que nunca puso en duda a Barnes como una de las figuras y gargantas más icónicas del circuito subterráneo.
Hoy la alineación la completan Jack Owen —también ex Cannibal Corpse, recordado por su visita en 1998 junto a Death—, además de Ray Suhy, Jeff Hughell y Marco Pitruzzella. Barnes y Owen volvieron a reunirse en 2017 y su entrega más reciente, Next to Die (la decimoquinta de su catálogo), demuestra la insistencia prolífica de un líder que no ha claudicado en todas estas décadas. Como nos demostró ayer de frente, sigue siendo dueño de uno de los registros guturales más innovadores, oscuros y pesados del género, manteniéndolo intacto mientras hacía rugir a un recinto que clamaba sangre.
Abrió los fuegos Ghostspell, trío oriundo de La Calera y Nogales, en la Región de Valparaíso, que fusiona death, black y thrash con una estética sombría ligada a la muerte, el nihilismo y la mitología. Llegaban con su EP Black Witchcraft Vengeance (2025) y con la difícil tarea de inaugurar una jornada de nombres históricos.
Salieron bien parados. Tocaron con rabia, una oscuridad genuina y el ímpetu de una banda joven consciente de lo que cuesta una oportunidad así. Que provengan de región y no de Santiago dice bastante sobre el movimiento actual de la escena extrema local; da orgullo ver cómo proyectos de provincia, a los que suele costarles el doble difundir su material, acceden a grandes escenarios. Ghostspell ofreció una presentación dura e intensa a partes iguales, dejándonos expectantes ante lo próximo que puedan editar en su corto pero sólido rodaje sobre las tarimas nacionales.
Después vino Pentagram, a quienes llamar «teloneros» suena impropio. Anton Reisenegger y los suyos integran la primera camada sudamericana del metal extremo, la de los ochenta, y su material temprano circuló por el circuito internacional mucho más lejos de lo imaginable desde este rincón del mundo. Su influencia reconocida en agrupaciones como At the Gates, Dismember, Napalm Death y Avulsed dimensiona la trascendencia de su legado.
Sonaron como siempre: crudos, directos y peligrosos. No hicieron falta discursos ni presentaciones extensas; la audiencia sabía a quién tenía enfrente y respondió a la altura. Mostraron cortes de Eternal Life of Madness, su trabajo más reciente, mediante «El Imbunche» y «Possessor», para cerrar con el himno «Demoniac Possession», clásico imperecedero que desató el desorden en la sala y la dejó lista para la carnicería venidera. Pentagram es una institución consolidada, de categoría global, cuya vigencia y solidez en vivo tras décadas de trayectoria llenan de satisfacción.
Cuando Barnes apareció, la ovación fue prolongada y se notó su impacto emocional. Saludó con un: «Conque esto es Santiago… he escuchado algunas historias de ustedes y ahora sé que son verdad». El tono de la velada quedó sellado: una fanaticada que aguardó más de tres décadas por el hombre cuyo timbre marcó a toda la generación que descubrió el death metal en los noventa. Barnes sigue siendo un personaje controvertido —no tiene sentido negarlo—, pero anoche el debate quedó fuera del recinto.
Fue una hora de death metal frontal: riffs densos, afinaciones bajas y ese groove pausado característico de la casa. Six Feet Under no compite en velocidad; su premisa es el peso de cada golpe, y cuando dieron con el balance justo entre aceleración y pesadez, el Cariola se sacudió entero. El bloque más contundente provino de su debut, Haunted. «Silent Violence», «Lycanthropy» —que puso a aullar al recinto entero como lobos salvajes— y «Beneath a Black Sky» ratificaron que no se requieren ráfagas de blast beats para demoler. «Human Target» impactó al instante, mientras que de Warpath rescataron «Revenge of the Zombie» y «War Is Coming», coreadas compás a compás por quienes las dominaban de memoria. «Feasting on the Blood of the Insane», «Victim of the Paranoid» y «Ghosts of the Undead» figuraron igualmente entre los puntos altos.
De su era reciente sonó «Mister Blood and Guts», de Next to Die, suficiente para evidenciar que no viven solo de la nostalgia, si bien la euforia mayor apuntó a los clásicos. Aun así, el público disfrutó cada tema sin reservas. La banda se encontró con una entrega que difícilmente anticipaban, mostrándose visiblemente conmovida ante una audiencia enérgica que homenajeó su resistencia frente a cualquier polémica.
Pintoresca y aplastante resultó la inclusión de su versión para «T.N.T.» de AC/DC: un gusto personal y guiño a las raíces que han visto expandirse las fronteras sónicas, desde el rock and roll salvaje hasta las expresiones más extremas concebidas por el ser humano. El desenlace cumplió la expectativa general: «Stripped, Raped and Strangled» y «Hammer Smashed Face», ambas de la etapa de Barnes con Cannibal Corpse en el disco Tomb of the Mutilated. Allí el público terminó de dimensionar el hito: la voz original que grabó esas piezas hace más de treinta años cantándolas en Chile por primera vez, reafirmando por qué Barnes sigue siendo una de las gargantas más brutales e influyentes del estilo, reteniendo intacta su densidad y tiniebla.
Six Feet Under saldó una deuda postergada durante años: sesenta minutos de death metal pesado, cargado de groove y con un repertorio que unió pasado y presente. Barnes se retiró bajo una ovación legítima que caló hondo; una jornada de tintes emotivos en el Cariola donde aquel pendiente histórico, finalmente, quedó cancelado.
Setlist Pentagram:
Fatal predictions
Profaner
El Imbunche
Evil incarnate
Possessor
La Fiura
Demented
Demoniac Possession
Setlist Six Feet Under:
War Is Coming
Silent Violence
Revenge of the Zombie
Lycanthropy
Torn to the Bone
Feasting on the Blood of the Insane
Victim of the Paranoid
Seed of Filth
Death or Glory (Holocaust cover)
Know-Nothing Ingrate
Mister Blood and Guts
Ghosts of the Undead
T.N.T. (AC/DC cover)
Human Target
Beneath a Black Sky
Stripped, Raped and Strangled (Cannibal Corpse cover)
Hammer Smashed Face (Cannibal Corpse cover)

