10 de febrero 2026.
Por Sebastián Allende.
Fotografías por Daniel Sáez.
La noche de este martes 10 de febrero de 2026, a las 21:00 horas, el Teatro Coliseo se convirtió en un refugio sonoro donde el tiempo pareció detenerse. Los Hermanos Gutiérrez, dúo suizo ecuatoriano conocido por su particular aproximación instrumental a la guitarra, ofrecieron un concierto íntimo, cargado de matices y texturas que hicieron vibrar a un público dispuesto a dejarse llevar por paisajes emocionales más que por palabras. Fue un show donde cada cuerda pulsada pareció dibujar un horizonte, un recuerdo o una carretera polvorienta rumbo a ningún lugar, o quizás a todos.
Aunque para muchos en la sala eran viejos conocidos, debido a que esta es la cuarta presentación en nuestro país, el concierto también fue una puerta de entrada para quienes recién descubrían a la dupla formada por Alejandro y Estevan Gutiérrez. Nacidos en Suiza, pero profundamente conectados con las raíces ecuatorianas de su familia, comenzaron a tocar juntos casi por instinto durante reuniones familiares. Sin mayor pretensión, grabaron su primer disco, 8 Años, en el 2017, dando forma a un estilo inconfundible: melodías minimalistas, guitarras que conversan sin palabras y una atmósfera que evoca tanto el cine de vaqueros moderno como los caminos solitarios del desierto, su habitad sonoro. Con discos como 8 años (2017), Hoy Como Ayer (2019), Hijos del Sol (2020), o su última placa, Sonido Cósmico (2024), han consolidado una textura con una identidad propia, inconfundible y emocionalmente magnética.
Durante este martes en el Coliseo se profundizó justamente esa identidad, con un show partiendo posterior a las 21:00 hrs y con una sala ya casi repleta, tanto en cancha, quienes en esta oportunidad disfrutarían sentados, como en tribuna, desde los primeros acordes de “Recuerdos”, la sala se llenó de un silencio reverente, casi ritual, mientras las guitarras marcaban un pulso hipnótico. Si bien a través de su música, los Hermanos Gutiérrez no necesitan palabras para narrar historias; constantemente están contando historias y agradeciendo el recibimiento brindado por el público nacional. Alejandro, con su Lap steel, construía imágenes casi cinematográficas (que fácilmente llevaban a la memoria esas viejas películas de western), mientras Estevan aportaba ese ritmo sutil pero firme, como si sostuviera el latido del horizonte que ambos imaginan y que era posible ver con tan solo cerrar los ojos y dejarse llevar.

Canciones como “Lágrimas negras” y “Low Sun” fueron recibidas con una emoción particular, como si el público reconociera en ellas un relato compartido: nostalgia, viaje, identidad, pertenencia. Cada tema fluyó hacia el siguiente con naturalidad, sin transiciones forzadas, pero si entre anécdotas como cuando Estevan recordó su conexión con nuestro país a través de su abuelo y sus regalos que consistían en libros de historietas de Condorito. Si bien su comunicación con el público es a través del sonido, fueron demostrando cariño entre canción y canción y un amor de hermanos que fue un testimonio de la simetría que logra este dúo musicalmente. Hubo momentos de recogimiento profundo (“Esperanza”, “Tres hermanos”, por nombrar algunos temas) y otros donde el pulso invitó a moverse sutilmente en el asiento y a volar, como lo fue con “Sonido cósmico”, en donde nuevamente Estevan nos contó: “Siento q cuando tocamos esa canción con mi hermano estamos volando por el universo”.
Hacia el final, cuando interpretaron la dupleta formada por “El camino de mi alma” y “El sol avenue”, en donde el ambiente se transformó en el desierto y en cierta forma fue como si uno caminara por un camino de tierra acompañando el sonido del viento. Las luces tenues, el escenario en rojo que acompaño la presentación del dúo y la delicadeza de las guitarras crearon un cierre que se sintió como un abrazo largo. No hubo estridencias, ni falta que hicieron. El encanto de los Hermanos Gutiérrez está justamente ahí: en su capacidad para decir tanto sin decir nada.
La noche terminó entre aplausos cálidos y prolongados, también con gritos de emoción, de esos que no buscan el ruido sino el poder demostrar el agradecimiento sincero por la conexión sonora lograda en esta velada. El Teatro Coliseo fue testigo de un viaje musical donde la guitarra no fue solo instrumento, sino un puente entre culturas, paisajes, memorias y sensaciones. Los Hermanos Gutiérrez no ofrecieron un concierto; ofrecieron un panorama entero, un poema hecho de cuerdas, viajando en el aire, por el desierto, la playa y el mar, buscando silenciosamente un lugar donde quedarse, en que simplemente la música logre cantar al son de las seis cuerdas.
Setlist:
Recuerdos x hijos
Thunderbird
Rain God
Venganza x jardín
Lágrimas negras x el fantasma
Sonido cósmico x pueblo man
Tres hermanos
Until We Meet Again
Desert medley (agua roja, railroad, western b.)
Low Sun
Ebyem x cumbia lunar
Esperanza
El desierto
El camino de mi alma
El sol avenue
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