1 de noviembre 2026.
Por Eliseo Muñoz.
Fotografías por Javier Martínez.
Una vívida noche fue la del 1 de noviembre en Santiago, mientras que Iron Maiden incendiaba el Estadio Nacional, en el Teatro la Cúpula, Dillom animaba una masiva fiesta de disfraces y, cerca de ahí, en el Santander Arena, se estaba a punto de dictar una gran ceremonia. Es que la querida agrupación sueca, Opeth, retornaba a nuestro país para la 2da patita de su tour “The Last Will and Testament, pt2”, cerrando el ciclo de su último trabajo, del mismo nombre, publicado en 2024.
La jornada partió puntual a las 19 hrs, el público yacía expectante, listos para presenciar a los nacionales Mar de Grises, que vienen retomando actividades tras un extenso período de inactividad, han avivado la llama que una vez los mantuvo en lo alto del death doom latinoamericano, estrenando un single, “Surrender to the Fall”, y a la vez vaticinando un nuevo disco con el sello francés Seasons of Myst. Su presentación fue breve, pero suficiente para enseñar su propuesta y teñir la atmosfera en melancolía y desespero. Es que la combinación entre el gutural, las percusiones densas, veloces, y la omnipotencia del teclado, invocan una dimensión alterna y lúgubre, ideal para la noche post Halloween.
Con el recinto sumamente poblado, Opeth entró en escena para volver a consolidar la estrecha relación que los une con nuestro país. Partieron fuerte con “§1” (Párrafo 1), de su último trabajo, un tema que narra la muerte, confesión y el peso del legado de una familia que desconoce su verdadera historia. Continuaron con “Hjärtat vet vad handen gör”, y “Godhead’s Lament”, un temazo de Still Life, que fue intensamente coreado por los asistentes y avivó toda la faceta metalera del público. La conexión con la banda va más allá de lo musical, es que Mikael se toma la libertad de contar anécdotas y chistes entre las canciones, preguntándonos incluso, “¿Qué hacen ustedes aquí si está tocando Iron Maiden?”, “Me parece que son demasiado amables”.
El público no tardó en llamar a los integrantes por sus apodos “Miguelito”, “Peluca”, “Capitán”, “Morticia” y “DiCaprio”, como si se tratara de personajes animados en el escenario, Mikael aprovecho de comentar también, que todo esto de los apodos surgió acá, en Santiago, y ahora se ha esparcido por todo el mundo. Agradeció la presencia de la gente esta noche y se largó a comentar que ellos pudieron asistir al show de Iron Maiden el día anterior, y que de la misma forma en que la gente se les acercaba a pedirles fotos en la calle, ellos se acercaron a Maiden para pedirle foto con ellos. Recordó además su última visita a nuestro país, cuando tocaron en el festival Masters of Rock, “El año pasado tocamos acá mismo con Judas Priest. Aunque esta vez se siente más pequeño”.
Con «§7» continúan girando la manivela a su maquinaria progresiva, dando continuidad a la historia del testamento del Padre. Luego, “The Devil’s Orchard”, donde el tenebroso “God is dead” del coro, inundó el recinto con una latente oscuridad, cosechando el fruto del huerto del demonio y alimentándose de él. La única manera de limpiar y exorcizar la atmósfera era con un hechizo bonbadoso como “Windowpane”, que, en base a la emoción, disipó cualquier espíritu negativo, y deslumbró con un genial solo de Fredrik, mejor nombrado como “Peluca”.
Pero aquella calma, sólo fue la paz antes de la tormenta que desataría “The Grand Conjuration” y “Demon of the Fall”, invocando los primeros mosh multitudinarios en la cancha. Le seguiría “§3”, que actuó de puente perfecto para transitar entre la brutalidad y la épica con “The Drapery Falls”, un himno esencial de Blackwater Park, la sinfonía de cuna para aquellas almas perdidas e ilusionadas. Mantuvo la tensión al máximo en un desplante de virtuosismo absoluto por parte de la banda.
Entrando a la fase final de la presentación, una sorpresa aguardaba en el setlist. “Hex Omega”, de Watershed. Una canción que debutó en nuestro país aquella noche, joyita oculta para los oyentes acérrimos. Luego Mikael seguiría con sus bromas, notificando que tocarían un elegante cover, de una “sinfonía eterna”, y se lanzó con “You Suffer”, de Napalm Death.
Entre carcajadas, se confirmó un rumor que circulaba por redes: Opeth se tomará un descanso. Mikael afirmó que es necesario tomar una pausa con la banda, tiene muchas tareas pendientes en su casa, “como cambiar los neumáticos de su auto”. Y ya sin nada más que ahondar, Mikael anuncia el término de la presentación con el clásico “Deliverance”, provocando un desacato total en la cancha con saltos y mosh masivos. La música apagó los sentidos del remolino humano, con la mente transitando entre melodías lúgubres y poderosos guturales, generó una catarsis entre la euforia de la cancha, una última posesión.
Fueron más de dos horas de despliegue musical, transitando entre pequeñas catas de la discografía de una gran banda, un concierto que termina con sabor agridulce, teniendo la conciencia que es el último antes de una pausa indefinida, se atesorará con mayor fuerza. Esperamos que Opeth retorne a lo grande, con más de una fecha en nuestro país y con nuevo disco bajo la manga.
Setlist:
§1
Hjärtat vet vad handen gör
Godhead’s Lament
§7
The Devil’s Orchard
Windowpane
The Grand Conjuration
Demon of the Fall
§3
The Drapery Falls
Hex Omega
You Suffer
Deliverance

